Precios en alza Economía: las mejoras deben llegar a las familias
La canasta del súper en Córdoba aumentó 2,6% en febrero y acumula casi 10% en 2026. El consumo no repunta. Hacen falta medidas más profundas para la economía real.
La fotografía de febrero deja poco margen para el optimismo. El relevamiento mensual de La Voz mostró que la canasta del súper en la ciudad de Córdoba aumentó 2,6% en el mes y alcanzó a 768.134 pesos para una familia tipo de clase media, casi $ 20 mil más que en enero.
El dato adquiere mayor dimensión si se observa el acumulado: en el primer bimestre del año, el incremento ronda 10%, tras el 7% registrado en enero. En términos interanuales, la suba supera el 38%. Hace un año, esa misma compra demandaba poco más de $ 556 mil.
El principal factor de presión fue la carne vacuna, que en febrero subió 5,58% y acumula más de 61% en el último año. La explicación combina bajo stock ganadero y mayor apertura exportadora, que reduce la oferta en el mercado interno.
Las verduras también aportaron lo suyo. Un producto básico como la papa, por ejemplo, subió 15,5% y casi triplica el valor que tenía a fines del año pasado.
Desde la Cámara de Supermercados y Autoservicios de Córdoba confirmaron un alza promedio similar y advirtieron que las ventas en unidades cayeron 5,5% interanual en febrero.
La escena en los supermercados refleja esa realidad: pasillos con poca gente, changuitos a medio llenar y compras pequeñas, semanales o diarias.
La gente prioriza precio sobre marca y opta por segundas líneas. El ticket promedio se reduce porque el poder adquisitivo se erosiona. La inflación ya no exhibe los picos dramáticos del pasado reciente, pero continúa en ascenso y golpea sobre ingresos que no logran recomponerse al mismo ritmo.
A ese cuadro se suma el endeudamiento creciente de los hogares. El crédito sostuvo parte del consumo durante 2025, pero muchas tarjetas operan al límite y numerosos resúmenes se pagan sólo para cubrir el mínimo. La consecuencia: el consumo masivo no repunta y varios sectores comerciales advierten un estancamiento que se prolonga.
Las variables macroeconómicas muestran estabilidad nominal, pero ese orden no se traduce en alivio cotidiano. La estrategia oficial de priorizar el ancla monetaria permitió moderar la inflación respecto de etapas previas, aunque no consiguió impulsar la actividad.
La sensación dominante en amplios sectores sociales es que el esfuerzo no termina de alcanzar.
Es necesario asumir que la economía real requiere estímulos que fortalezcan ingresos y reactiven la demanda interna. Sin consumo, todo el entramado productivo se resiente y crece el desempleo.
Economistas y empresarios reclaman medidas que motoricen la actividad, como reducción de impuestos y tasas, incentivos sectoriales y esquemas de crédito accesible.
En este contexto, la ciudadanía observa con hartazgo el pobre nivel de las disputas políticas.
La dirigencia –oficialismo, en primer lugar, pero también la oposición– tiene la responsabilidad de dejar de lado peleas estériles y concentrarse en soluciones concretas. La sociedad no demanda discursos altisonantes, sino respuestas que mejoren su vida cotidiana.
La inflación puede estar más contenida que antes, pero no está resuelta. Los precios siguen en alza y el estancamiento se profundiza.
Sin un giro que combine estabilidad con crecimiento, se incrementarán los problemas para las familias argentinas.





