Críticas que generan incertidumbre
Quienes dentro de la propia coalición gobernante reclaman la renuncia del ministro de Economía, Martín Guzmán, no hacen más que provocar inestabilidad en una gestión cada vez más débil.
No es una novedad que cada semana aparece un prominente dirigente del Frente de Todos para reclamar “un paso al costado” del ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán.
La última diatriba la lanzó la diputada nacional Cecilia Moreau, vicepresidenta del bloque del oficialismo, quien sostuvo que es necesario “un ministro más humano”.
Esta nueva embestida se suma a la que realizan en forma permanente los dirigentes que responden a Cristina Kirchner, quien cuestionó el acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual fue aprobado por ambas cámaras del Congreso con el voto decisivo de la oposición.
“El acuerdo con el Fondo ya pasó”, dijo la legisladora, cuando aún no se validaron las metas establecidas para el primer trimestre y está en proceso de análisis lo que sucede con las cuentas públicas en el segundo trimestre.
El Gobierno nacional sostiene que aprobó con holgura la primera revisión, aunque economistas críticos de la gestión de Guzmán afirman que el superávit primario logrado se debió a un “maquillaje contable”, a partir de ingresos por “otras rentas de la propiedad” que habrían sido sobrevalorados.
La insistencia en desgastar la figura del ministro de Economía y en solicitar su reemplazo genera parálisis por parte de los agentes económicos que deben tomar decisiones en cuanto a la evolución de sus negocios y a posibles inversiones.
Esta incertidumbre se traslada al resto de la sociedad, que protagoniza a diario una dura batalla contra la alta inflación que alcanza a todos los bienes y servicios.
Más allá del eventual artilugio contable al que acudieron Guzmán y sus funcionarios para dar por cumplidas las metas con el FMI, el acuerdo supone –a grandes rasgos– mantener cierta estabilidad para evitar una crisis mayor.
Todo ello en un contexto en el que la inflación debería reducirse de proyecciones anuales en torno del 70 por ciento o más, al 48 por ciento pactado con el Fondo.
Un objetivo que estaría siendo incumplido es el refuerzo de las reservas netas del Banco Central, cuya debilidad podría obligar a una mayor devaluación una vez que cesen los ingresos extraordinarios por la exportación de la actual cosecha de granos gruesos.
La fragilidad de la economía no da espacios para un cambio de ministro al que el Presidente dice sostener, aunque su compromiso podría incluirse en la ambigüedad de las posiciones que exhibe a diario sobre múltiples temas.
Lo contrario supondría caer en la aventura del kirchnerismo, que imagina otro “plan platita” para jubilados, beneficiarios de la ayuda social y empleados informales.
La última propuesta para el pago de una renta básica universal a todos los trabajadores supondría generar un enorme déficit fiscal, que sólo podría ser financiado con más emisión y, por ende, con más inflación.
El Gobierno debe encolumnarse detrás de un plan –al menos con las metas acordadas con el FMI–, para evitar sumir a la Argentina en una crisis económica insondable.

