Aluvión de bronces frágiles
El país parece abandonarse a una deleznable competición toponímica, utilizando al ex presidente Néstor Kirchner no para honra de su memoria, sino para aumento de méritos intraoficialistas.
Los argentinos parecemos fervorosamente decididos a kirchnerizar el país. No en términos políticos, sino geográficos. De pronto, la inesperada muerte de Néstor Kirchner nos habría provocado una sensación de inmenso vacío, que intentamos cubrir cuanto antes. No un vacío político ni meramente geográfico, sino topográfico. Todo sirve a los fines de esa febril cobertura: autopistas, puentes, escuelas, edificios oficiales, campeonatos de fútbol, lo que fuere. El nombre del ex presidente muerto sirve para corregir deficiencias toponímicas, recién descubiertas por gobernantes y partidarios. No será la primera vez que ello ocurra. Ya en el primer gobierno peronista hubo provincias, ciudades, calles, cortadas, pasajes, avenidas, bulevares, hospitales, locomotoras, institutos educacionales, colonias de vacaciones, congresos y jornadas desde tecnología nuclear hasta filosofía llamados Juan Domingo Perón y Eva Perón; en fin, todo cuanto pudiese servir como sustento para la memoria de los fundadores del justicialismo fue utilizado.Luego sobrevino la reacción, con los excesos de gorilismo de la llamada Revolución Libertadora, que alcanzaron su culminación con el absurdo decreto 4.161, que prohibió hasta la mera mención de sus nombres; fue el peor de todos los excesos antidemocráticos que pudieron cometerse en nombre de la democracia. El retorno del fundador del justicialismo tras 18 años de ostracismo, y su inmediata muerte, suscitaron otra oleada de nominaciones, pero se tuvo, al menos, la cordura de no restablecer excesos que trasuntaran una concepción primitiva de la política.Como vivimos el tiempo de sacralización de la memoria, hoy estamos volviendo a aquella década de 1950. Es que los argentinos nunca olvidamos nuestros errores: necesitamos recordarlos siempre, para poder repetirlos. Algo deberíamos haber aprendido de la historia acerca de la vanidad, especulación y fugacidad de los honores políticos. Quien ha gobernado a su pueblo no necesita de vertiginosas obsecuencias para que su nombre no se desvanezca del recuerdo de sus compatriotas. Es la historia la que hará, lo quieran o no las actuales generaciones, un inventario más sereno de méritos y errores antes de pronunciar su sentencia.Fue lamentable la muerte de Kirchner en la plenitud de sus dotes, pero ninguna profusión de bronces y nuevas toponimias acrecentará la tristeza y condicionará el juicio del mañana. El respeto que impone la muerte no puede ser agraviado con desmesuras de emociones ni de cálculos políticos. Si Néstor Kirchner necesitara de bronces para protegerse del olvido, habría gobernado en vano. Pero aun sus más acérrimos enemigos terminarán por reconocer que dejó una huella indeleble en nuestro destino. Ya está en nuestra historia. Que es como decir que ha comenzado a redactarse el veredicto del mañana.

