Diálogo sobre la felicidad
La felicidad nada tiene que ver con el bienestar económico, con la posición social o con los proyectos de vida resueltos.
A: ¿Qué te parece si analizamos el tema de la felicidad humana?
Z: Muy interesante, y te diré que cuento entre mis papeles con los resultados de una encuesta mundial entre 98 naciones para determinar el nivel de felicidad de la población.
A: ¿Puedes precisar algunos resultados?
Z: Colombia ocupa el tercer puesto en el ranking de felicidad, y Dinamarca, país que cuenta con un nivel de vida superior y cuyos habitantes tienen cubiertas todas sus necesidades básicas, figura en el 16°.
A: ¿Y nosotros, los argentinos?
Z: Nos ubicamos en el puesto 32°, mientras que Japón, con toda la problemática cotidiana resuelta, ocupa el puesto 43°.
Intento de definición
A: Pero… . ¿no te parece que primero debemos definir qué es la felicidad?
Z: Sí, me parece razonable. Los autores coinciden en entender la felicidad como “bienestar subjetivo”; es algo que el sujeto siente en su interior, una alegría que puede ser inmediata pero siempre acompañada de sensaciones permanentes asociadas a una forma de vida de natural optimismo y confianza.
A: Estimo aceptable esta aclaración; ahora bien, si se trata de un estado de ánimo individual, ¿cómo puedes generalizar cuando te refieres a las naciones? De un número, no se sigue una cualidad; puede haber muchos colombianos infelices o japoneses muy felices. Creo que si se trata de algo personal, no es relevante la encuesta sobre países.
Z: No coincido; en principio, quiero mostrar que la felicidad nada tiene que ver con el bienestar económico, con la posición social o con los proyectos de vida resueltos; parece que las causas de la felicidad pasan por otro segmento.
A: He recorrido, a través de la historia, los dichos y proverbios de muchos pensadores célebres que trataron de explicar o definir qué es la felicidad, y casi todos apuntan a las circunstancias venturosas de las personas o a la satisfacción de sus deseos.
Qué bienestar
Z: Veamos si te interpreto. Me parece que a la definición “bienestar subjetivo” la podemos adoptar como una generalización acertada y bien aplicable a toda la especie humana. ¿No te parece?
A: Sí, pero ocurre que no hemos avanzado mucho en relación con nuestra pretensión de descubrir las causas de la felicidad. Te recuerdo que debe tratarse de un estado de ánimo casi permanente, que acompañe toda la vida del ser humano, como lo puntualizaste más arriba.
Z: Correcto, pero ahora me pregunto si ese “bienestar subjetivo” está vinculado con la construcción social de la realidad, es decir, con el entorno cultural del individuo, o bien con algunas predisposiciones innatas de los sujetos.
A: Creo que ahora cabe la distinción: si ganas la lotería o tienes una intensa y placentera relación sexual, ¿puedes asegurar que alcanzaste la felicidad?
Z: No, los goces pasajeros no pueden identificarse con la felicidad duradera. Tal vez convenga recurrir a las explicaciones de algunos autores contemporáneos que investigaron nuestro tema.
A: Tengo a mi alcance el texto La ciencia de la felicidad, de Sonja Lyubomirsky. En él, la autora sostiene que, si bien un 50 por ciento de las diferencias entre las personas, en términos de felicidad, se debe a los genes y otro 10 por ciento a factores externos, el 40 por ciento restante se atribuye a lo que hacemos y a lo que pensamos; esto es, a nuestras actividades intencionadas y a nuestras habilidades mentales.
Z: Conozco ese meritorio estudio que reconoce un alto porcentaje al esfuerzo individual para alcanzar la felicidad. Si bien no estoy en condiciones de evaluarlo, me interesa destacar que se trata de un texto de autoayuda con ciertas estrategias muy encomiables. Además, si suponemos que genéticamente no somos favorecidos por una inclinación natural hacia la felicidad, el texto de la doctora Lyumomirsky obtiene una relevancia inconmensurable para aprender a ver la vida en términos positivos.
¿Y los genes?
A: Según tus apreciaciones, la parte más importante quedó pendiente. ¿Acaso podemos hacer algunos aportes desde la genética para explicar las causas de la felicidad?
Z: Sí, Yuval Noah Harari, en su libro De animales a dioses, breve historia de la humanidad, aborda el tema de las causas genéticas de la felicidad. Creo que con algunos pensamientos del autor podemos cerrar este diálogo. Afirma Harari que, según la biología, "nuestro mundo mental y emocional está regido por mecanismos bioquímicos modelados por millones de años de evolución", y en diversas áreas del cerebro, los neurotransmisores y otras hormonas que producen bienestar funcionan como estabilizadores automáticos, como si se tratara de un mecanismo de aire acondicionado que mantiene una temperatura constante. En una escala de 1 a 10, algunas personas con un régimen bioquímico optimista, frente a los acontecimientos de la vida, oscilan en un puntaje entre 6 y 10; con el transcurso del tiempo, el termostato orgánico se estabiliza en 8. En otras personas, con una bioquímica con tendencias negativas, frente a los vaivenes de la vida, alternan entre 3 y 7, y se estabilizan con la función cerebral en 5. Existen múltiples combinaciones y variables.
A: ¿Es decir que el 8 y el 5 significan la resultante estable de los componentes químicos?
Z: Justamente, se trata de un gran proyecto investigativo del siglo 21 que implicará remodelar el concepto del homo sapiens. Intento utilizar el ejemplo del autor para apoyar los estudios cerebrales dirigidos a aumentar los niveles de felicidad y reforzar los impulsos de su bienestar.
A: Me parece una ecuación muy abreviada.
Z: No tenemos tiempo para extendernos. Me permito cerrar nuestro diálogo con una cita de Harari que resume qué es la felicidad: “Nada capta mejor el argumento biológico que el famoso eslogan de la New Age: la felicidad empieza adentro. El dinero, el nivel social, la cirugía plástica, casas bonitas, puestos poderosos… . ninguna de estas cosas nos proporcionará felicidad. La felicidad duradera proviene sólo de la serotonina, la dopamina y la oxitocina”.
* Doctor en Derecho

