El día en que el FBI resucitó el p2p
Los usuarios han vuelto a escarbar en sus PC en busca de una alternativa gratuita que había caído en desuso: el par a par o p2p. Ramón Muñoz y Adrián Segovia.
El FBI (la policía federal de los Estados Unidos) ha cerrado Megaupload, el mayor almacén de contenido audiovisual que haya existido nunca.
Una semana después, su legión de adictos aún no se recupera del golpe. Y es que el sitio, además de un negocio colosal para sus propietarios, era el suministrador líder de series y películas para 150 millones de usuarios en el mundo.
Es probable que a los usuarios el debate en torno de la legalidad de esta web por la infracción reiterada de los derechos de autor de que le acusan las autoridades les preocupe mucho menos que averiguar cómo tapar el hueco de su hábito de consumo.
Desde luego, y pese a algunas informaciones sin base estadística, nada hace pensar que los adictos a Megaupload vayan a acudir en masa al cine o a consumir televisión.
Competir con la gratuidad o los reducidos precios de la versión premium de Megaupload es todo un reto para la oferta legal.
Así que los usuarios han vuelto a escarbar en sus PC en busca de una alternativa gratuita que había caído en desuso, pero que está en el origen de las descargas: el par a par o p2p.
A diferencia de los servicios de hosting como Megaupload, en los programas de intercambio p2p los archivos están alojados en los ordenadores personales de millones de usuarios que los comparten con otros usuarios.
Emule (red eDonkey) abrió la brecha del intercambio masivo de contenidos audiovisuales. Pero el streaming y las descargas directas motivaron un declive imparable del p2p.
Esa situación puede estar a punto de cambiar. A la espera de datos confiables, los primeros signos apuntan a una resurrección del p2p, cuyo tráfico de paquetes en Europa ha alcanzado el 15 por ciento del total.
Los inconvenientes del p2p frente a la descarga directa son varios: hay que abrir el ordenador a otros usuarios, con el consiguiente problema de seguridad, se expone a virus y la descarga es más lenta. Con todo, el “pero” más acuciante es asegurarse un repertorio pirata amplio.
Megaupload lo tenía más fácil gracias a su sistema de recompensas. Pagaba a los clientes que subían las películas y series que más se descargaban. Y Megaupload tenía cada vez más clientes dispuestos a pagar su abono por ese nutrido catálogo.
Al no satisfacer derechos a las productoras, los costos eran mínimos y el negocio, redondo, a juzgar por los bienes incautados a Kim Schmitz, su fundador, y por los ingresos del portal, estimados en 150 millones de dólares.
En el p2p, ese componente de negocio no existe, por lo que el contenido depende de la voluntad de sus usuarios: cuantos más archivos compartan desde sus ordenadores encendidos, más obra disponible hay.
Basta desempolvar el Emule para comprobar la penuria actual de su catálogo. De hecho, el uso de las aplicaciones que gestionan las descargas también está en declive. Ares cayó un 6,8 por ciento en el último año, y Emule, un 36,2 por ciento. La situación puede dar un vuelco si los usuarios vuelven a estos programas y les inyectan contenidos.
La pregunta que se hacen muchos es si pueden correr la misma suerte legal que Megaupload. Paloma Llaneza, abogada experta en Internet, lo aclara: “No es más difícil que perseguir las descargas directas, ya que se puede rastrear a los usuarios por la IP. La cuestión es que compartir con un amigo una copia de una película cuyo DVD has comprado podría entrar en una interpretación extensa del derecho de copia privada. Compartir una copia pirata con una pluralidad de pares es una infracción civil, pero no penal ya que, en principio, no hay ánimo de lucro”.

