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Desconectarse: ¿lujo o necesidad?

¿Es posible entender la vida actual sin tecnología? ¿Concebir las relaciones interpersonales contemporáneas sin Internet? La respuesta es no. La tecnología se ha instalado en el centro del devenir cotidiano, al extremo de desplazar gestos humanos por emoticones.

04 de octubre de 2015 a las 12:01 a. m.
Enrique Orschanski*
Desconectarse: ¿lujo o necesidad?

¿Es posible entender la vida actual sin tecnología? ¿Concebir las relaciones interpersonales contemporáneas sin Internet? La respuesta es no. La tecnología se ha instalado en el centro del devenir cotidiano, al extremo de desplazar gestos humanos por emoticones. En defensa de sus beneficios, las innovaciones resuelven problemas con cada vez menor esfuerzo físico y en menor tiempo. Un simple mensaje de "ya llegué" tranquiliza a numerosos padres. Un apropiado uso de las redes permite organizar reuniones de amigos, marchas y hasta revoluciones con eficiencia incomparable. Mensajes oportunos evitan equívocos. Skype acerca familiares lejanos, que viven en tiempo real el crecimiento de los chicos. En cualquier televisor es posible asomarse a las maravillas del mundo. Videojuegos de intensa realidad divierten y agudizan destrezas.Una mención especial merece el uso de computadoras en actividades escolares: no sólo incluyen a quienes viven lejos, sino que son indispensables para aprendizajes específicos.Sin embargo, la hiperconexión tecnológica amenaza con invadir de forma dañina ámbitos públicos y privados, sin que se disponga de un adecuado conocimiento sobre las consecuencias en las conductas.Para las generaciones nacidas con Internet, la dependencia de los artefactos electrónicos es absoluta, al punto de no comprender la comunicación sino a través de artefactos. En ellos predomina la "nomofobia", neologismo que denomina el miedo a no estar conectado.En adultos, la hiperconexión suele justificarse por la necesidad de comunicación permanente con el trabajo o de información inmediata.Los niños, en cambio, sin esas necesidades, imitan el modelo sin objetivos claros. Así, convierten los teléfonos celulares en artefactos de entretenimiento y las computadoras escolares en medios para seguir chateando.El conocimiento parece haberse trasladado de las antiguas fuentes (libros, maestros) a Google. Es más fácil apelar al buscador que pensar la respuesta. Con ello surgen al menos dos problemas: un menor esfuerzo intelectual para resolver situaciones simples y la postergación de la memoria como fuente confiable de datos. Ambas mermas desactivan circuitos neuronales indispensables para el pleno ejercicio de la inteligencia humana.Un informe del diario francés Le Monde en 2014 señala que "los hiperconectados empleados de Google, Apple y otras importantes empresas de la computación eligen que sus hijos concurran a colegios que no utilizan computadoras, planteando una nueva tendencia tech : la desconexión".El principal argumento esgrimido es educar a los hijos con desafíos intelectuales tradicionales y evitar el uso abusivo de la tecnología. Este grupo no constituye aún un fenómeno de masas, sino una tendencia minoritaria de sectores sociales con poder económico medio o alto. Sin embargo, coincide con la necesidad de un número creciente de personas que intentan prescindir de la hiperconexión para recuperar lazos reales. El sociólogo Francis Jauréguiberry, investigador de las nuevas relaciones tiempo/espacio generadas por la expansión de la información y la comunicación tecnológicas en las sociedades hipermodernas, dice que "los nuevos ricos son aquellos que tienen la posibilidad de filtrar y poner distancia de las interpelaciones que representan el correo electrónico y los mensajes por teléfonos celulares, mientras que los considerados 'pobres' de la tecnología no pueden eludir la responsabilidad de responderlos de inmediato". ¿Desconectarse, entonces, es un lujo para personas no sometidas a la urgencia de responder? ¿Es posible mostrar a los chicos otro modelo? ¿Existen alternativas para las nuevas generaciones que liberen de la dependencia y la nomofobia?Los actuales síntomas derivados de la hiperconexión en los niños no deberían ser ignorados. Los más notables son la progresiva pérdida en su capacidad de concentración, la pobreza en la elaboración de pensamientos lógicos, el acotamiento de las experiencias interpersonales –tanto físicas como emocionales– y un llamativo desplazamiento del diálogo coloquial al chat .En su esperanzadora conclusión, el informe de Le Monde es optimista. Pronostica que cada vez habrá más gente pidiendo asistencia para desconectarse.

*Médico