Desconcentrados y aburridos
Más que “aburridos y desconcentrados” como se declaran, una multitud de chicos asisten al colegio cansados y sin combustible, a la espera del timbre de salida que les anuncie la liberación.
Aun cuando numerosos especialistas en temas pedagógicos –no sólo en Argentina–trabajan con profunda convicción para ajustar sistemas educativos a las necesidades y contextos actuales, la opinión mayoritaria de los alumnos es contundente: el colegio no les atrae.
Una simple encuesta entre familiares y conocidos confirma este panorama; pero la afirmación resalta cuando surge de la evaluación Aprender (Argentina, 2016), en la que el 50 por ciento de los alumnos de 5° y 6° años de secundaria –de casi 31 mil escuelas evaluadas en todo el país– afirma “aburrirse siempre” en el colegio.
Otro 30 por ciento reconoce que no logra una adecuada concentración para el aprendizaje, ni llega a tomar apuntes como registro de sus actividades.
Tales datos invitan a repensar la vida de los chicos escolarizados, ampliando la mirada para considerar si sólo se trata de un problema académico o si otros aspectos cotidianos influyen en el desagrado. La realidad muestra que estos alumnos son fruto de un cambio radical en los hábitos de vida, ocurrido en los últimos años, que trajo consigo novedosas características: un apuro vital innecesario, la falta de pausas reparadoras, una nutrición caótica y la impostada necesidad de entretenimiento perpetuo.
Revisemos rutinas: los alumnos actuales transcurren un promedio de nueve horas diarias en instituciones educativas, incluidos los traslados. Lo hacen desde los 3 años, para asegurar banco en el colegio elegido o para resolver el problema de padres sobreocupados que no cuentan con otros cuidadores.
No es difícil confirmar el escaso tiempo de sueño en niños y adolescentes. Los programas de TV tardíos y los celulares vibrando la noche entera sobre sus almohadas son, en parte, la causa del insuficiente descanso.
La mayoría no desayuna, o lo hace con alimentos deficitarios (algunos porque no tienen, otros porque no quieren).
Si desayunar significa salir del prolongado ayuno nocturno, la mayoría comienza la jornada escolar sin nutrientes adecuados para afrontar las actividades.
Esta pobre ingesta inicial les resta energías para el aprendizaje y agrega esa cuota de malhumor que tiñe las primeras horas escolares. Este hábito equivale a emprender un viaje en automóvil sin cargar combustible: el resultado se comprueba a poco de andar. Escolares sin combustible mostrarán poca energía, mala comprensión y una concentración errática de los temas áulicos.
Los colegios de jornada extendida incluyen el momento del almuerzo; y para los chicos, comer entre compañeros significa varias cosas excepto nutrirse. En los pocos minutos disponibles. hacen bromas, degluten algunos bocados y, finalmente, prefieren jugar a demorarse en terminar el plato con fideos o arroz frío.
Otra vez, la falta de combustible se hará evidente en los siguientes tramos.
El consumo de agua suele ser insuficiente para las necesidades diarias del cuerpo. Los chicos deberían beber al menos un litro de agua durante su jornada escolar para mantenerse hidratados; es decir, despiertos y atentos, algo que raramente ocurre.
Y con muchos de estos alumnos deben lidiar los docentes: mal dormidos, pobremente desayunados, descuidadamente almorzados y crónicamente deshidratados. No sería lógico esperar que disfruten del día escolar, y menos que demuestren un rendimiento académico de excelencia.
Pero hay más: sus ocupaciones no finalizan en la escuela; tienen actividades extraescolares que –por su bien– deben practicar. Fútbol, básquet, idiomas, patín, violín, natación, artes marciales y otras, que agotan sus mermadas fuerzas. Nadie duda del beneficio para su desarrollo, pero la apretada agenda infantil se comprime aún más y los agota.
Los resultados de Aprender, como los de cualquier otra evaluación, no podían haber sido diferentes.
Más que “aburridos y desconcentrados” como se declaran, una multitud de chicos asisten al colegio cansados y sin combustible, a la espera del timbre de salida que les anuncie la liberación.
* Médico

