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Un desafío para la próxima generación

Ese es el reto para las Naciones Unidas en este momento clave de su historia. La arquitectura de la organización tiene que cambiar para satisfacer las necesidades del presente. David Smith.

18 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
David Smith (Director del Centro de Información de las Naciones Unidas para Argentina y Uruguay)
Un desafío para la próxima generación

Hoy tendré el honor y el placer de inaugurar el primer Modelo de Naciones Unidas organizado por la Universidad Nacional de Córdoba.

No podría haber lugar más apropiado que el corazón de esta magnífica ciudad, su histórica Manzana Jesuítica y su magnificente Facultad de Derecho, sitios que nos recuerdan el lugar destacado que ocupa la ciudad de Córdoba en el legado histórico de América.

He visto en la agenda que los participantes irán directo al grano, analizarán una crisis que alcanza al más profundo propósito de la ONU –la batalla que se está llevando a cabo por el futuro de Siria. Podría decirse que ningún otro conflicto en el mundo muestra con más claridad la necesidad de soluciones como la tragedia que azota a Damasco, a Alepo y a Homs.

Para aquellos que no hayan presenciado un Modelo de Naciones Unidas con anterioridad, se trata de conferencias de dos o tres días que reúnen a jóvenes, hombres y mujeres, provenientes de escuelas secundarias o, como en este caso, de universidades, para observar en profundidad el trabajo interno de las Naciones Unidas, a través de un juego de roles que replica los órganos principales de la Organización.

De tal modo, hoy tendremos una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU que debatirá sobre Siria, con embajadores designados por todos los miembros del Consejo. Mañana será la Asamblea General de la ONU, que tratará el tema Malvinas y qué debería hacerse para resolver el conflicto en el Atlántico Sur.

Modelo de trabajo. Debo reconocer que me encantan los modelos de Naciones Unidas. Hablar ante una audiencia semejante es, desde mi perspectiva, un privilegio, ya que creo que brinda una oportunidad poco común para la próxima generación de observar a la organización que represento, trabajar con su maquinaria, entender el modo en que nuestro mundo funciona (y en el que, a veces, no funciona).

He sido orador en modelos de Naciones Unidas en Buenos Aires, Rosario, Mendoza, Salta, Mar del Plata y me complace decir que Argentina cuenta con una floreciente red de conferencias como estas, que reúnen a miles de jóvenes, hombres y mujeres, cada año.

Dondequiera que vaya, mi mensaje no es que todo está bien en las Naciones Unidas ni que nuestros estudiantes deberían aceptar a la Organización tal como es.

Siempre les pido que echen una mirada renovadora y fresca sobre la ONU y que consideren de qué manera podrían cambiar su estructura para dar la mejor respuesta a los desafíos de nuestro mundo cambiante.

Necesidad de cambios. Hoy, antes de que empiece la sesión del Consejo de Seguridad, planteo la pregunta que yace, para mí, en el corazón mismo del futuro de la ONU: ¿cuánto tiempo más podrá permanecer intocable la arquitectura de la ONU, que nació de las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, si se espera que se mantenga en el centro de cualquier debate acerca de guerra y paz, desarrollo, lucha contra la pobreza, el hambre, la enfermedad?

Insto a los estudiantes a que observen ese mismo Consejo de Seguridad que van a ocupar durante algunas horas hoy.

Los cinco grandes miembros con asiento permanente y poder de veto –Reino Unido, Francia, Rusia, Estados Unidos y China– seguramente reflejan el mundo emergente de las cenizas de 1945. Pero ¿dónde está Alemania, la fuerza motriz de la nueva Europa? ¿Dónde está India, la mayor democracia del mundo y el país destinado a ser la nación más poblada del mundo? ¿Dónde está Japón, segundo contribuyente en importancia al presupuesto de la ONU? ¿Dónde está África en la mesa de honor de los asuntos mundiales? ¿Dónde está, por la misma razón, Latinoamérica?

Les pido también que en el debate sobre Siria examinen cómo el Consejo de Seguridad pudo autorizar la acción en Libia el año pasado, pero no pudo tomar una acción decisiva para detener la matanza actual en Damasco.

Hace apenas unos días, nuestro secretario general Ban Ki-moon lamentaba el trágico fracaso del Consejo de Seguridad en el intento de alcanzar un acuerdo. Nuestro secretario general anterior, Kofi Annan, renunció como enviado de paz en Siria recientemente, atacando al Consejo de Seguridad por su parálisis ante la crisis.

Espero persuadir a los jóvenes de que parte del desafío de su generación se encuentra en la renovación de la ONU, en la construcción de una nueva arquitectura para todo el sistema, que empiece en lo más alto, con el Consejo de Seguridad, para crear una organización equipada para el siglo 21.

Una organización que pueda alcanzar los desafíos de una era en la que enfrentamos oportunidades sin precedentes, pero también peligros, salvo que trabajemos juntos para encontrar soluciones comunes a los problemas que enfrenta la humanidad toda: desde pobreza y hambre hasta cambio climático y desastres naturales, pasando por terrorismo y pandemias, desempleo y violencia doméstica.

Ese es el desafío para las Naciones Unidas en este momento clave de su historia. La arquitectura de la organización tiene que cambiar para satisfacer las necesidades del presente.

Y estoy seguro de que eso es lo que están por descubrir los estudiantes en la Manzana Jesuítica. Tomando las palabras de Ban Ki-moon, “el cambio no es una opción”, es un deber.