De pérdidas y ganancias
La demostración de fuerzas de Hugo Moyano en el acto de River tuvo para él un aspecto negativo. Carlos Sacchetto.
Tanto el Gobierno nacional como la oposición en general creen haber sacado réditos políticos de la aprobación de la ley que establecía el 82 por ciento para las jubilaciones mínimas y su posterior veto presidencial. También por igual, el Gobierno y la oposición utilizan en el discurso público similares argumentos demagógicos para afirmar que los abuelos no merecen ser estafados ni por lo que unos les pagan ni por lo que otros les prometen en forma irresponsable. En esa patética realidad, Gobierno y oposición practican a la vista de todos un juego macabro, inmoral, en el que sólo prevalecen sus propios apetitos. En el terreno de la pulseada por los intereses políticos de cada sector, en la madrugada del jueves hubo claramente en el Senado una derrota del oficialismo. Por fallas en los cálculos y en las gestiones para dar vuelta algunas voluntades, los kirchneristas llegaron al momento de la votación sabiendo que perdían. Pero con que sólo se levantara un senador, todo pudo haber sucedido, sin necesidad de un desempate por parte de Julio Cobos. La orden del matrimonio presidencial fue rápida: había que forzar una nueva "traición" del vicepresidente para tener alguien en quien descargar la ira oficial y, a la vez, desgastar la imagen de uno de los precandidatos presidenciales del radicalismo. Algo así como sacar algún provecho de la inevitable adversidad. No tanto éxito. En política, pensar linealmente tiene sus riesgos. La jugada de los Kirchner, con el veto a la ley incluido, no resultó tan exitosa. Cada día queda más en evidencia la falta de cohesión de los bloques oficialistas en el Congreso. En los hechos, la conducción de la bancada en el Senado ya no es exclusiva de Miguel Pichetto. El santacruceño Nicolás Fernández también se maneja como jefe, con diálogo directo con Néstor y Cristina Kirchner, y eso provoca confusión y desconcierto en la propia tropa. Tampoco se puede leer en forma lineal y simplista lo que está ocurriendo con Cobos. Si el vicepresidente, sus seguidores y su partido creen que por desempatar nuevamente en contra del Gobierno su imagen política volverá a crecer como lo hizo en el caso de las retenciones, pueden equivocarse. Son circunstancias diferentes y, por más que esté de por medio el sensible tema de los jubilados, la sociedad ya tiene ubicado al vice como miembro de la oposición. "El amperímetro se mueve ahora mucho menos", grafica un estudioso de la sociología política. Y agrega, con lógica cruel: "El episodio del 82 por ciento móvil deteriora la imagen que la gente tiene de la clase política en general y eso hace que los beneficios para la oposición sean relativos". Lo que no pasa inadvertido para nadie es el crecimiento del poder que construye día a día Hugo Moyano y que, obviamente, no se limita al ámbito gremial. Sin embargo, la demostración de fuerzas en el acto de River tuvo para él un aspecto negativo. La ausencia de varios de los intendentes del conurbano bonaerense puso otra vez de manifiesto el conflicto de fondo que se desarrolla en ese territorio. Como lo dijo en su discurso, Moyano quiere ir por todo y eso incluye el armado de las listas de candidatos para las intendencias, los concejos deliberantes, la Legislatura provincial y el Congreso. Los caciques comunales perderán así poder de decisión para ubicar a sus punteros y amigos. Y no les gusta. El líder de la CGT, con la presencia del matrimonio Kirchner y el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, elevó la apuesta: "Los trabajadores queremos representación en los tres poderes del Estado", sostuvo, incluyendo insólitamente a la Justicia. Un mensaje que, en los sectores medios de la sociedad, introduce temores adicionales. Ni qué hablar de los empresarios, que presienten una escalada sin control.La elección presidencial aún aparece lejos en el horizonte, pero resultan reveladoras algunas observaciones que se oyen, por ejemplo, en el ámbito diplomático. Con toda la discreción y sutileza que utilizan los embajadores, el representante de uno de los países más importantes del mundo preguntaba hace unas horas: "¿Ustedes se imaginan a la presidenta Cristina entregando la banda y el bastón a otro presidente que no sea kirchnerista?". Conociendo las actitudes y la idea que de la política tiene el matrimonio de Olivos, a los interlocutores no les resultó sencillo dar una respuesta. Y, menos, establecer un límite a la decisión de los Kirchner de hacer "lo que sea" para conservar el poder. O, al menos, para no ser derrotados en las urnas.

