Cuando me cure
Cuando esté curado, quiero darle la gran sorpresa a mamá: completar la tarea del “cole” antes de que sea de noche. Se va a poner Recontenta, me dirá: “Muy bien... ¡muy bien!”.
Los días de lluvia son perfectos para pensar. Se me ocurren las mejores ideas sobre lo que voy a hacer cuando me cure. Sólo necesito que cambien algunas "cositas" que me tienen atado a esta cama de hospital. Por ejemplo, necesito que me saquen el suero ya; hace tanto que lo tengo, que parece que hubiera nacido con una sola mano. Quiero volver a tener fuerza para jugar al fútbol, cargar las bolsas del súper y ganarle las "luchitas" a papá.Lo primero que me gustaría hacer, cuando vuelva a casa, es pedalear. Papá tiene preparadas las bicis, limpitas y engrasadas, esperando el alta.También voy a pedirle a mi hermana que conversemos; tenemos que hablar de muchas cosas pendientes, y los grandes no deben escuchar. Ella (ojalá) podría empezar diciendo qué chico le gusta; y yo voy a pedirle que invite a su amiga a casa. Esa, la linda...Cuando esté curado, quiero darle la gran sorpresa a mamá: completar la tarea del "cole" antes de que sea de noche. Se va a poner recontenta, me dirá "Muy bien... ¡muy bien!", y cenaremos sin discutir.Voy a tratar de no enojarme tanto con mis primos, esos que cuando van a casa tocan todo. La última vez, rompieron dos vasos y mancharon la pared de mi pieza. Estoy seguro de que, sin medicamentos, les voy a tener paciencia.Son las 10, hora de que pasen los médicos por la sala; hoy podrían darme de alta.Extraño mi casa, mis sábanas, usar ropa normal y a mis amigos.Llegaron; a ver qué dicen...No, hoy no. Falta tiempo para curarme. Que los pulmones esto, que los riñones aquello, que todavía estoy débil, que sería un riesgo... Al final, lo único que entendí es que hoy, no. Paciencia.No tengo que olvidarme de todo esto que estoy pensando para cuando me cure. Mejor escribo una lista.Muy importante: llamar por teléfono a mis abuelos todos los días y preguntarles cómo están. Primero, porque les gusta; y después, porque están tan preocupados por mí que me dan pena. Ayer, una de mis abuelas me dijo al oído: "Te cambio; yo me quedo acá y vos te escapás". Las abuelas son lo más.Mis abuelos, también, pero ellos hablan poco. Me acompañan de a uno, vigilando qué medicamento me dan y si me hacen doler. A veces rezan, pero cuando creen que no los veo.Todos dicen que de esta "salgo más maduro". Quizá eso ayude para acomodar mi pieza, así mamá deja de levantar la ropa tirada y ordenar mis estantes. Si tengo tiempo, también voy a ayudar con el cuarto de mi hermana. Y la familia, feliz.Hoy amaneció nublado; otro buen día para pensar. La lista se hace larga.Decidí que no voy a pedir más cosas caras. Pero sí otras que no cuestan plata, como que los domingos vayamos al parque, todos juntos. Hace tanto que estoy internado, que extraño el olor a pasto, el viento, ¡hasta los bichos! Y pensar que en casa pasaba horas mirando tele, sin asomarme siquiera por la ventana.Llegaron las enfermeras, hora de bañarme. Ya no tengo vergüenza, porque son muy buenas: me llaman por mi nombre, preguntan qué comida prefiero y hasta me acarician el pelo cuando creen que estoy triste.Las enfermeras sonríen más que los médicos ¿Será porque no tienen que dar las malas noticias? Son las 10. Llegaron otra vez los médicos; parecen tranquilos.¡Dicen que ahora sí, que estoy curado! Nos vamos a casa. ¡Por fin!Diez días después"¡Otra vez tu cuarto hecho un desastre! ¡Claro, te peleaste otra vez con tu hermana y la tarea queda sin hacer...! ¿Me podés decir dónde estás?""Acá, má, en la compu". * Médico

