En Córdoba podemos más
La mortalidad infantil no sólo se soluciona con acciones curativas, necesarias; también se debe recurrir a la prevención, a los medios para evitar que el problema emerja. Carlos Roffé.
Hace pocos días, el Ministerio de Salud de la Provincia dio a conocer datos oficiales sobre la tasa de mortalidad infantil en 2011, los que presentan como resultado un leve descenso respecto de los de 2010. El asunto debe ser considerado como buena noticia en sí misma, un indicador que apunta hacia una buena calidad de vida de la población. Ahora bien, cabe analizar el suceso en su contexto. O, para decirlo de otra manera, revisar el proceso de la gestión de salud pública en los últimos años de gobierno.No se puede desconocer que en 2007 ya gobernaba Unión por Córdoba. Por entonces, la cartera de Salud estaba a cargo del actual ministro coordinador, Oscar González, y los números de mortalidad infantil en la provincia se elevaron a 12,6 fallecimientos por cada mil nacidos vivos. Replanteo. Esta crítica situación determinó un serio replanteo que los llevó a comprobar que Córdoba carecía del plantel necesario de neonatólogos. Carecía, también, de salas de terapia intensiva en condiciones y cantidad suficiente como para albergar a recién nacidos en situación de alto riesgo. Así las cosas, se construyeron nuevas salas, se estimuló la formación de especialistas y de esa manera se llega a estos días con el 10,7 por mil, y se lo trata de presentar como resultado de gestiones realizadas en los últimos cuatro años. Lo cierto es que la tasa de 10,7 es buena porque viene en baja, pero también es ilustrativo observar lo que ocurre en otros países de Latinoamérica. Por ejemplo, Cuba muestra el 4,5 por mil (2010) y en la región tenemos a Chile, que ha logrado un descenso ininterrumpido desde 2003 (8,88) hasta 2011 (7,34).En este punto, cabe interrogarnos: ¿será que en Córdoba no tenemos los recursos profesionales, materiales o de infraestructura hospitalaria necesarios para lograr índices similares a los de Chile? Con toda seguridad diría que sí tenemos los recursos necesarios; lo que puede estar ocurriendo es que sea preciso implementar, en paralelo, otras políticas para lograr esos resultados. Una prioridad. En este marco, aparece la necesidad de asumir como prioridad el fortalecimiento de la atención primaria de la salud. Cierto es que la mortalidad infantil no sólo se soluciona con acciones curativas, siempre muy necesarias; también se debe recurrir a la prevención, es decir a todos los medios necesarios para evitar que el problema emerja.Según el esquema de salud pública vigente en la provincia, la responsabilidad del primer nivel de atención es de los municipios. Pero el Estado provincial no puede desentenderse; todo lo contrario, tiene que intervenir fuertemente, ya que es la mejor manera de apostar a bajar los índices de mortalidad infantil, mortalidad materna y muchos otros que, cuando se logran reducir, significan mejorar el desarrollo y la calidad de vida de la población.Además, se debe reconocer lo diverso y complejo que es el sistema de la atención médica pública. Tengo serias dudas de que exista igual oferta de asistencia en los barrios de la ciudad capital y, más aún, en el interior de la provincia, donde las diferencias son enormes. Para achicar esas distancias, el Ministerio de Salud debe comprometerse, recorrer toda la provincia y hacer su propio diagnóstico de la situación prestacional del primer nivel y, luego, intervenir con toda la fuerza que le permite su estructura, complementar, mejorar y perfeccionar la atención primaria de la salud, lo que facilitará no sólo reducir la mortalidad infantil y materna sino también encontrar la senda de la medicina preventiva, tan pregonada y tan escasa en estos días.

