Convalecencia
Las enfermedades infecciosas son frecuentes en niños. Durante los primeros cuatro años, es habitual que sufran varios episodios como parte del proceso madurativo del sistema inmune.
Las enfermedades infecciosas son frecuentes en niños. Durante los primeros cuatro años, es habitual que sufran varios episodios como parte del proceso madurativo del sistema inmune. A pesar del malestar y del abatimiento que producen, son necesarias para activar defensas que los protegen de futuras infecciones, a la vez que permiten valorar el bienestar, cuando se recupera.Nadie duda en evitar penurias extremas a un niño, pero es importante comprender que las infecciones deben ser transitadas como parte de una vida infantil normal. No obstante, este año se presenta con características climáticas y socioeconómicas particularmente riesgosas, y desde el comienzo del otoño causan que numerosos chicos sufran una infección tras otra sin lograr estabilizarse.El ritmo actual de un importante número de niños –sin pausas ni descansos reparadores– cambia el modo de interpretar las enfermedades, consideradas molestas interferencias en su agenda recargada. Por fortuna, la mayoría de las enfermedades infecciosas se terminan curando. Aquí es necesario precisar qué significa curación, ya que también este concepto se transformó, en una sociedad hiperocupada.Un niño no se cura cuando desaparecen los síntomas agudos, sino cuando recupera del todo sus capacidades previas a la enfermedad. Reducir la fiebre o la tos no es necesariamente curarse, sino apenas la remisión de lo evidente. Y en cada enfermedad se reconocen dos etapas sucesivas: los síntomas y la convalecencia. Los primeros son espectaculares; la segunda, poco reconocida y menos respetada. La convalecencia es tranquila y aburrida. Cuando se superan la consulta angustiosa al médico, los estudios complementarios o la internación, quedan largos días en los que el cuerpo completa su curación, de manera silenciosa y eficaz. Cada persona transita la convalecencia con éxito o fracaso, dependiendo del estado de salud previo, más el abrigo, la alimentación y la prudencia disponibles.Los medicamentos colaboran (¿cómo dudarlo?), reducen el sufrimiento, acortan el tiempo de enfermedad y evitan secuelas. Pero la verdadera curación sólo se consigue si la persona destina el tiempo suficiente para convalecer. Muchos chicos inician procesos respiratorios que son aliviados de modo artificial con fármacos. Los síntomas se amortiguan y, sin curarse, vuelven a reuniones familiares, a deambular por ambientes contaminados, a guarderías o colegios. Lugares donde muchos amigos y compañeros –con iguales o peores síntomas– vuelven a contagiarlos. Y todo vuelve a comenzar.Los padres dicen "vive enfermo". Los abuelos dicen "tiene defensas bajas". Todos dicen "anda descalzo y desabrigado". En tanto, los médicos se sienten bomberos apagando incendios sintomáticos, impotentes para ayudar a restablecer el equilibrio.Alrededor del 80 por ciento de las infecciones respiratorias son causadas por virus, por lo que la duración promedio es de siete a 10 días (con o sin tratamiento), y la recuperación, de siete días más. Según esto, los estudiantes –tanto primarios como secundarios, que experimentan entre cuatro y seis episodios de infecciones respiratorias durante el período frío– quedarían libres por faltas en poco tiempo. Si la asistencia a la escuela no puede limitarse, al menos ayudaría acotar las actividades no obligatorias.En quienes sí es posible actuar de modo drástico en esta época complicada es en los niños pequeños –aquellos menores de dos años– que saturan las guardias médicas y, lamentablemente, los internados.Al ser los más vulnerables, en ellos el cuidado debería ser meticuloso. Podrían evitarse salidas innecesarias, ambientes contaminados y contacto con personas enfermas. También asegurarles una adecuada nutrición y optimizar el consumo de líquidos, lo que facilita tener mucosas no adherentes para microorganismos. Sería ideal (aunque utópico) que todos pudieran ser cuidados en el hogar, y que se evitara que asistan a guarderías hasta que el clima mejore. Prudencia, prevención, anticipación y respeto por la convalecencia son criterios eficaces para atravesar una etapa del año que se presenta diferente.Con ello se alcanzaría un objetivo médico soñado: menor sufrimiento, menos uso de medicamentos, menos ausencia escolar y terapias intensivas vacías.
*Pensar la infancia

