Complejidad y privatizaciones
El punto es que el Estado, como el actor de mayor responsabilidad en el proceso, resuelva por sí o a través de privados bajo su control gestionar la organización según los parámetros señalados. Sergio Krupatini.
Vivimos en un entorno de complejidad. Individuos y organizaciones navegamos en un océano de cambios inesperados y de alto impacto que desafían nuestra capacidad de adaptarnos y de responder.
A veces, los contextos dan un respiro y nos ofrecen un panorama relativamente más estable, pero la turbulencia es protagonista de nuestro paisaje y no constituye un fenómeno transitorio o circunstancial, sino permanente.
Nuestro deambular, entonces, combina rutas plácidas junto con crecientes viajes en un tren de la montaña rusa.
Ante lo inevitable de la situación, nos surge una pregunta: ¿cómo afrontamos la nueva realidad, cómo respondemos a los nuevos desafíos?
La respuesta no es para nada simple, en congruencia con la riqueza del fenómeno.
Pero adoptemos ahora un criterio básico. La complejidad es una oportunidad para reducir nuestra visión fragmentada de la realidad.
Usualmente, vemos los problemas conformados por componentes aislados con nula o escasa relación entre sí, y los que podemos abordar, uno por uno, sin una visión integral.
Visión sistémica. La complejidad nos propone adoptar una visión sistémica de esa realidad, donde las causas del comportamiento de las cosas y sus relaciones no son tan evidentes como creemos.
Un ejemplo que podemos tomar dentro de nuestro ámbito económico es el relativo a las privatizaciones.Las discusiones y decisiones relacionadas con la oportunidad y necesidad de que una empresa forme parte del ámbito público o privado constituyen un hecho repetitivo en nuestra sociedad.
Es común observar que esas empresas resultan igualmente inefectivas en uno u otro ámbito.
El punto es que frente a la cantidad de variables en juego que implican los entornos complejos, la discusión privado-público no es el nivel más profundo de un análisis en la consideración del fenómeno.
Es necesario perforar la amplia gama de eventos de la realidad para encontrar regularidades más profundas, que expliquen mejor la índole del problema que estamos tratando.
Y, en este caso, el nivel más profundo se refiere a que la acción de la empresa debe responder a un planteo de sustentabilidad del sector al que pertenece y a que su acción básica como organización no pierda de vista el sentido por el que se justifica su existencia como tal.
Aspectos críticos. La simple pregunta: ¿para qué fue creada esta empresa?
En ambas situaciones, publica-privada, podemos distinguir –sin hacer una lista exhaustiva– los aspectos críticos que han producido el fracaso de ambas opciones.
Genéricamente, la empresa pública nos presenta o ha presentado:
a) Una excesiva apropiación del valor producido por parte del Estado, directores, sindicatos, personal y proveedores.
b) Una excesiva apropiación de valor a los clientes, la sociedad y a la propia organización, como organismo autónomo que ve socavada su capacidad de sostenimiento a largo plazo.
Una vez privatizada, nos hemos encontrado con:
a) Apropiación excesiva de valor por parte de accionistas y directores.
b) Apropiación excesiva de valor a los clientes y a la sociedad.
c) Ineficiente o inexistente control del Estado y desaprensión en el sostenimiento a largo plazo de la organización.
Lo anterior no aspira a englobar todos los casos, pero es una síntesis representativa de las condiciones que poseen un factor común: el desentendimiento de los clientes, de la sociedad y el sostenimiento a largo plazo.
Así se crea el campo fértil para la típica oscilación: privatizamos, estatizamos, volvemos a privatizar, etcétera. Los costos sociales de esta oscilación, y también los beneficios para algunos actores, son enormes.
Memoria. El problema crítico es generar una organización que "recupere" su memoria acerca de para qué fue creada, que se relacione con equilibrio con los actores con los que interactúa y que plantee estrategias y modelos de negocio orientados a su sostenimiento y evolución a largo plazo.
El dilema no es “privado o público”. Ambas opciones pueden ser buenas o malas.
El punto es que el Estado, como el actor de mayor responsabilidad en el proceso, resuelva por sí o a través de privados bajo su control gestionar la organización de acuerdo con los parámetros señalados.
Toda oscilación en la gestión de una empresa, como la interminable alternativa privado-público, refleja una falta de perspectiva sistémica para abordar el problema y un desentendimiento absoluto respecto de la gestión adecuada en tiempos turbulentos.

