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A los codazos para no perder espacio

El kirchnerismo duro, el sindicalismo moyanista y el peronismo ortodoxo parecen haber llegado a un acuerdo: no provocar el estallido del conflicto para no hacerle más difícil la decisión a Cristina. Carlos Sacchetto.

30 de abril de 2011 a las 12:01 a. m.
A los codazos para no perder espacio

Para elevar la autoestima de sus militantes e incentivar la participación activa, el general Juan Domingo Perón tomó una idea de Napoleón Bonaparte, la adaptó y lanzó la recomendación: "Cada peronista debe llevar en su mochila la batuta de mariscal". La frase quedó en la liturgia del peronismo y a lo largo de los años fueron muchos los que reclamaron, con suerte diversa, su derecho a subir por los escalones del poder.Hugo Moyano, jefe de la CGT y peronista de toda la vida, está convencido de que ya hizo méritos suficientes para ser un protagonista central de la historia y que, con la fuerza que ha acumulado en los gobiernos kirchneristas, su influencia debe ser ineludible en las decisiones de la presidenta Cristina Fernández. El problema es que tanto la jefa del Estado como otros sectores cercanos al Gobierno no piensan exactamente lo mismo. Bajar el tono. Desde el más puro kirchnerismo, reconocen la gravitación del movimiento sindical en el actual esquema de poder y la necesidad y conveniencia de contarlo a Moyano en las filas propias. Pero, a la vez, piensan que debe establecerse un límite a sus ambiciones. "Por más demostraciones de fuerza que hagas, no podés apretar a la Presidenta", le advirtieron desde la Casa Rosada, luego de que Cristina se excusara de concurrir al acto. Moyano tomó nota, analizó la situación con la mesa chica de la central obrera y le devolvió al Gobierno la garantía de que su discurso sería moderado y ajustado a las circunstancias. Recién ahí la Presidenta pidió a sus ministros, incluido el ahora poderoso titular de la Secretaría Legal y Técnica, Carlos Zannini, que compartieran el palco cegetista. Un detalle: en ese escenario, había gigantografías de Perón, de Evita y de Néstor Kirchner, pero no se vio el rostro de Cristina. Quedó claro el esfuerzo de todos por evitar en esta etapa las disputas en público y una manera fue concentrar el foco de los mensajes en lo realizado desde 2003 hasta aquí. Lo hizo la Presidenta –no mencionó a Moyano– en la carta que envió y también lo hizo el sindicalista, enumerando los logros que han beneficiado hasta ahora a los trabajadores. Los reclamos políticos fueron, en cambio, significativamente breves. Demasiado breves para la importancia que el propio líder gremial les atribuye. Uno es la demanda de espacios en las listas electorales para que los ocupen dirigentes sindicales. El otro es el pedido a Cristina Fernández para que vaya por la reelección, como única manera de continuar y profundizar el actual modelo."Primero, la Presidenta tiene que aceptar la candidatura y luego será el turno de pedir lugares en las listas", se cansó de repetir Pablo, uno de los hijos de Moyano. La indefinición de Cristina sobre si va a postularse a la reelección o no mantiene en un estado de inquietud a toda la estructura de poder, y la CGT no es una excepción. Amor y espanto. Los tres sectores que son pilares fundamentales en el apoyo al Gobierno mantienen entre sí crecientes diferencias y exhiben a menudo serios problemas de convivencia. El llamado kirchnerismo duro, el sindicalismo moyanista y el peronismo ortodoxo parecen, sin embargo, haber llegado a un acuerdo básico: no provocar el estallido del conflicto para no hacerle más difícil la decisión a Cristina. "No los une el amor al modelo, sino el espanto a perder el poder", reconoce con aires borgeanos un ex ministro de Kirchner. En ese marco de lealtades y confianzas precarias, el protagonismo que pretende Moyano incomoda a los demás. El calificativo de "piantavotos" que le colgó el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey es compartido en varios despachos de la Casa de Gobierno.Pero como en la política no falta el cinismo ni la hipocresía, algunos de los ocupantes de esos despachos estaban ayer en el palco de la multitudinaria y prolija concentración cegetista. La imaginación se torna inabarcable ante el supuesto de que la Presidenta diga finalmente que no será candidata. La liberación de las tensiones internas pondría rápidamente fin a esa alianza y cerraría la experiencia kirchnerista como tal. Todos reflexionan temerosos sobre semejante hipótesis y están a la pesca de algún indicio sobre lo que hará Cristina. En algunos círculos, detrás del deseo por la reelección, hay señales que preocupan.Nadie del entorno íntimo de la Presidenta anticipa nada. Pero se supo que un par de empresarios santacruceños que fueron muy allegados a Néstor Kirchner y hasta compartieron negocios con él habrían pedido hablar sobre el futuro del país con Daniel Scioli. ¿Intuyen un renunciamiento de Cristina? Esos empresarios tienen diálogo fluido con Máximo, el hijo de la Presidenta, que vive en Río Gallegos. ¿Saben algo? En ausencia de Cristina, como presidente del Partido Justicialista, Scioli fue ayer el principal invitado de Moyano.