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Quiénes y cuándo

Colinas del caballito blanco. Inesperada aparición de Bertolino. Cervantes. Daniel Salzano.

17 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Quiénes y cuándo

Colinas del caballito blanco

Los burros / así les decíamos a las carreras de caballos / burros / ir a los burros / vamos a los burros / ojo / no es lo mismo ser un burrero que ser un caballero / no está bien visto por el obispado / por el Tercer Cuerpo / los bomberos / y... ¡por las suegras! / en serio: / cuando tu suegra se entere de que te gustan los caballos / te sumergirá la cabeza en un fuentón y presionará bárbaramente en dirección al centro de la tierra.

Atenti: / no sólo las suegras sino buena parte de la humanidad ignora que los caballos tienen los ojos más bellos del planeta.

Una vez vi a un burrero que comía un puñado de boletos / la gente que lo rodeaba lo miraba con el mismo estilo imperial con el que los críticos de arte se enfrentan a las mujeres desnudas del Caraffa / sin embargo / eran los mismos burreros que daban vuelta la cabeza / horrorizados / cada vez que un caballo rodaba / se mancaba / y había que matarlo.

Sólo los burreros están en condiciones de valorar integralmente el gesto de Friedrich Nietzsche / filósofo / que se abrazó llorando al cuello de un matungo de alquiler golpeado por su cochero / en la piazza Alberto / de Turín / el caballo se llamaba Dionisio / consta en actas. / Dionisio murió en el acto / fulminado por la paliza.

Tengo todos los libros de Nietzsche en la biblioteca / y jamás los he consultado para nada / me basta con la historia de Dionisio: / un hombre que se abraza al cuello de un caballo vapuleado no puede ser un mal filósofo / o tan siquiera una mala persona.

Para mí / la mayor metáfora del burrero está en Los 400 golpes / la película de Truffaut / cuando el pibe se fuga del reformatorio y corre y corre hasta que llega a la orilla del mar y se detiene / y no puede seguir / ni puede regresar / el hipódromo está lleno de gente como él / no pueden ir ni volver / horas, días enteros sentados en la tribuna / con el trasero congelado / fuera del mundo / sabiendo que / menos ellos / en el hipódromo gana cualquiera.

La velocidad y la belleza tienen mucho que ver con las carreras / y la emoción / y la plata / naturalmente / en los burros la plata es como un personaje indispensable en poder de un escritor omnipotente / va / viene / permanece / se pierde / se duplica / se presta / se escapa / no conozco a ningún burrero que juegue sólo por la plata / es más / creo que les daría lo mismo apostar con los billetes del Estanciero / a veces levantan la cabeza como lobos y gritan Teresita / suponiendo que le hayan jugado a Teresita.

El signo del centauro

Beethoven era de Sagitario / el signo más interesante del Zodíaco / Sagitario es el signo que fusiona al arquero con la grupa de un caballo / Edith Piaf también era de Sagitario: chaquetilla vestido cartera ojeras repertorio boina pena y corazón enteramente negros.

Cuando el hipódromo de barrio Jardín era el hipódromo de barrio Jardín / cada burrero / tenía asignado su lugar en la tribuna / para siempre / en la legión extranjera pasaba lo mismo: / si moría un legionario / su fusil quedaba donde estaba / y nadie volvía a utilizarlo.

Terrazas de Irineo

Muchas veces me cruzaba con un hermano de mi mamá y no nos saludábamos / en el hipódromo no hay parientes que valgan / cada uno está solo con los otros / sucede lo mismo que en los baños públicos / cuando los hombres ocupan los mingitorios observando fijamente los azulejos de la pared / sin mirar a los costados.

¡Teresita! / ¿por qué le habrán puesto Teresita?

Aunque a veces hay / en Córdoba ya no hay carreras ni los lunes ni los martes ni los miércoles ni los jueves ni los viernes ni los sábados ni los domingos / el hipódromo es una postal / que recuerda al patio de una escuela / cuyos alumnos están todos recibidos.

Me juego la camisa a que terminarán arrasando el hipódromo para reemplazarlo por torres de alto standing / oh / ya saben a qué tipo de viviendas me refiero / Mirador de las Herraduras / Terrazas de Irineo / Urbanización Rocinante / oh Dios ¡cómo detesto esos nombrecitos! / portero automático / sauna / piso marmolado / piscina olímpica / aire acondicionado / y un vago, invencible y entrañable olor a bosta.

Yo empecé a ir a los burros después de hacer el servicio militar / y es que la colimba me atravesó el cráneo en varias direcciones / nadie puede resultar ileso después de pasar 500 días cebando mate / encerando el piso / bañándose con agua fría / y sin leer un puto libro de Vallejo.

¿Vas a volver muy tarde? / ése era el tipo de advertencias que me hacían en casa cada vez que almorzaba temprano / y me iba a los burros en el 10 / un ómnibus en el que la aflicción de la mersa no cabía / malos tiempos: llegué a creer que la literatura no servía para nada.

El famoso elixir de los burreros

Al comienzo elegía a los caballos por el nombre / Metrópolis / Ciudadano / As de oros / Lola Lola / pero los caballos no saben cómo se llaman / se conforman con correr / resollar / patear / y mover la cola / o comer un terrón de azúcar / uno puede gritar de placer al sentir la lengua de un caballo lamiéndote la palma de la mano.

Otra forma de apostar era eligiendo entre el color de las chaquetillas: / cielo cobrizo / hierba negra / rojo Manolete / celeste inmaculada / o si no / por su abolengo / si eras un burrero de ley no podías ignorar que los descendientes de Jerry Honor eran invencibles en la milla / o que en distancias cortas los hijos de Forli ganaban por knock out.

Llegaba a la primera carrera y me iba después de la última / a veces no apostaba / entornaba los ojos y movía el cuerpo como si estuviera viajando en un trencito / desde la tribuna podía ver todo lo que necesitaba: el río Ganges. Las Bodegas Giol. El Vaticano. El Vesubio. La Torre Eiffel. La Cañada. Y la sirena de La Voz del Interior.

En invierno, iba al Alto (¿cómo no lo dije antes? El Alto) y me daba la gran vida tomando café en unos vasitos blancos de papel / anoten la receta: café Bahuri, tres cucharadas de azúcar y un lagrimón de ginebra Llave / el famoso elixir de los burreros.

Supongo que dejé de ir al hipódromo por las mismas confusas razones por las que desapareció la Escuela Olmos / ardió el Teatro Comedia / demolieron Nueva Córdoba / eliminaron el Córdoba Sport Club / y empujaron los vagones del Belgrano en dirección al precipicio.

A la historia de Córdoba le das una buena patada en el culo / y seguro que caemos todos / de cabeza.

Inesperada aparición de Bertolino

Mi primer amigo / mi mejor amigo / fue Mandrake / un mago recibido en la Sorbona que embutido en un esmoquin de Corujo / decía “hop” / y aparecía un elefante / a mí me temblaban las piernas / cuando convertía un papelito en un clavo / y un clavo en un reloj / a mí me temblaban las piernas cuando aparecía su novia / la princesa Narda / lo mejor que tenía la princesa Narda era que se parecía a Gene Tierney / lo mejor que tenía la princesa Narda / era que si ponías la revista contra la luz del velador / advertías que debajo de la ropa iba desnuda.

Mi primer amigo / mi mejor amigo / se llamaba Tito Bravo / ¡cuánto niño en un solo niño! / Tito Bravo vivía al lado de mi casa / y nos hablábamos a través de dos latas de tomates unidas por un hilo / él se llamaba Comander / hola Comander / y yo me llamaba Bomba / hola Bomba / por si no lo han ubicado Tito Bravo es el que tenía una bici con timbre de mujer / y si ni aún así consiguen ubicarlo / les diré que durante la balacera revolucionaria de 1955 / se subió al techo para ver mejor y un infeliz que gatilló en nombre de la patria / lo dejó sin ojos ni cabeza / yo me pregunto ahora / ¿para qué necesitaba conocer la eternidad el capitán Comander?

Mi primer amigo / mi mejor amigo / fue el chico que en la escuela me prestaba el lápiz azul / para pintar las aguas del Suquía / ¿de dónde había sacado yo que las aguas del Suquía eran azules? / ¿de dónde he sacado yo que las aguas del Suquía no son azules?

Mi primer amigo / mi mejor amigo / fue el avioncito de Safac / qué lástima / lectores / que no lo vieran escribir mientras volaba / Safac era la marca de una yerba y la efe no se crean que era fácil de escribir / una vez fui al almacén / compré un paquete y lo hice anotar en la libreta / ¿para qué has comprado esta yerba? / yo lo único que sé / es que tendría que haber sido aviador.

Mi primer amigo / mi mejor amigo / fue Dios Nuestro Señor / tal como estaba pintado en la iglesia de la Sagrada Familia / un viejo que parecía menos dado a los rezos que a la cría de gallinas / barba tenía / pajaritos en el hombro tenía / y detrás de la cabeza un triángulo equilátero / a mí se me había puesto que el viejo Dios de la Sagrada Familia / firmaba con una cruz / como los inmigrantes que buscaban trabajo en el ferrocarril Belgrano.

Mi primer amigo / mi mejor amigo / se llamaba Bertolino / y no era mi primer amigo / ni mi mejor amigo / pero cuando recién escribí que Dios firmaba como los inmigrantes del Belgrano / Bertolino apareció de pie / al lado de la máquina / junto al escritorio / ¿qué quiere don Bertolino? / quiero que escribas de mí / que me incluyas en la nota.

Bertolino era un gringo que trabajaba en los talleres y llevaba la bicicleta a su lado como si fuera su esposa.

–¿Así le parece bien, don Bertolino?

–No, poné ahí que he perdido mi campera de cuero, que me gustaría volver a tocar el agua con las manos y que conservo la música del tren en los oídos.

Yo no sé cuál fue mi primer amigo / mi mejor amigo / lo único que le pido es que me vaya soltando letra mientras yo finjo que escribo.

Cervantes

De Cervantes Saavedra, don Miguel, hay un par de cosas que se saben con certeza: que escribió Don Quijote de La Mancha y que murió un 23 de abril, claro, el Día del Libro.

¿Era cierto o no era cierto, como él mismo confesara en una carta, que detestaba las emociones fuertes porque lo hacían tartamudear? ¿En un lugar de la Ma... de la Mancha de cuyo nombre noqui... noquiero acordarme?

¿A santo de qué guisa se agregó el Saavedra si el apellido de su madre era Cortinas? ¿Quiénes adulteraban preferentemente su nombre en el siglo XVI sino los deudores más atroces? ¿Fue a la guerra y perdió un brazo por qué motivos verdaderamente? ¿Para ensartar infieles en nombre del Señor o para cambiar un estilo de vida miserable que lo obligaba a escaparse sin pagar de los mesones?

¿Esa orden de captura librada contra un Miguel de Cervantes por malherir en duelo a un tal Antonio Segura que está archivada en el Ayuntamiento de Simancas es-de-algún-otro-o-de-este-Cervantes-de-la-triste-figura? En... en... guardiabé... en... ¡guardiabé!... llaco!

¿Esa Catalina Palacios contra la que contrajo matrimonio y fue profundamente infeliz tuvo mucho poquito nada que ver con Dulcinea del Toboso?

¿Esa calle madrileña del León donde murió rodeado de un heterogéneo grupo de mujeres a las que el vecindario apodaba las Cervantas, es la misma por donde vas caminando todavía y a cualquier hora y sin saber por qué te vienelamé... te vienelamé... lancolía?