Carta abierta al gobernador De la Sota
Quiero recordarle que es usted nuestro empleado, al que hemos contratado para administrar los bienes comunes en nuestro beneficio, y que para eso le pagamos un importante sueldo.
Señor gobernador, con el respeto que me merece su investidura, quiero formularle algunas reflexiones acerca de conductas suyas que estimo reñidas con la ética republicana. Ante todo, quiero recordarle que es usted nuestro empleado, al que hemos contratado para administrar los bienes comunes en nuestro beneficio, y que para eso le pagamos un importante sueldo, una casa con todas sus instalaciones y gastos, y suntuosas oficinas con miles de empleados que están a su servicio.Asimismo, de nuestro bolsillo salen los recursos para costearle automóviles, choferes, un helicóptero con sus pilotos, combustible, gastos de representación, viajes y varios ítems más.Va de suyo que el uso de tales recursos debe ser aplicado en beneficio de todos los cordobeses, que somos sus dueños y los que con nuestros impuestos sostenemos el erario público. Por el contrario, su utilización en favor de sus intereses particulares constituye una grave falta de ética.Advierto, señor gobernador, que usted incurre en ella cuando se vale de la publicidad oficial para elogiar las obras realizadas por su gobierno o para exaltar su propia persona, llegando incluso al extremo de haber sustituido el nombre de la gobernación por su propio apellido. Dicha inconducta está prohibida por la ley de ética en el ejercicio de la función pública número 25.188, cuando en su artículo 42 dice que la publicidad de los actos, programas, obras, servicios y campañas de los órganos públicos deberá tener carácter educativo, informativo o de orientación social, no pudiendo constar en ellas nombres, símbolos o imágenes que supongan promoción personal de las autoridades o funcionarios públicos.También están reñidos con la ética republicana sus públicas participaciones en campañas electorales a través de la concurrencia a actos partidarios, de las adhesiones y promociones de candidatos y, de un tiempo a esta parte, de los viajes que realiza por el país para tratar de instalar su precandidatura a presidente de la Nación sin haber renunciado a su cargo de gobernador o, cuanto menos, haber solicitado licencia.Al respecto, es bueno tener presentes las palabras de Juan Bautista Alberdi, el autor de las bases de nuestra Constitución, quien en el tomo IX de sus Escritos póstumos afirmaba que el mayor ultraje que los gobernantes hacen a la libertad no está escrito en ninguna Constitución: es el consistente en las candidaturas oficiales, en su intervención en las elecciones, función de soberanía inmediata y directa, exclusiva del pueblo, en el que el gobierno no puede mezclarse sin hacerse culpable del crimen de usurpación de la soberanía popular.A ello añadía más adelante, en prosa más sintética y contundente: "El gobierno que participa en política partidaria comete un crimen de lesa humanidad".Quiero además pensar, señor gobernador, que a esos viajes mencionados los realiza en su automóvil particular o en vuelos regulares, que sus costos salen de su propio peculio y que no se vale para ello de los bienes y recursos que le hemos confiado. Porque si así no fuera, estaríamos en presencia de hechos de suma gravedad institucional, que constituirían un delito y ameritarían, por ende, un pedido de juicio político.En orden a esto, es bueno hacerle presente que, entre las numerosas causas penales que enfrenta el señor vicepresidente de la Nación, se cuenta una por el uso de un helicóptero de Gendarmería Nacional para asistir a un acto partidario en la ciudad de Mercedes.Por todo lo antedicho, me permito invitarlo a que reflexione acerca de su conducta, se abstenga de reiterar los actos aludidos y dedique su tiempo a administrar la provincia –objeto para el cual lo hemos contratado– y no a expoliar sus recursos en su provecho. Lo saludo respetuosamente.
* Ciudadano

