Debate. Candidatos testimoniales, nunca mejor descriptos
Quienes se postulan para candidaturas testimoniales saben que no van a asumir el cargo, por lo que están engañando al electorado, lo están estafando.
La RAE define “testimonial” como “que hace fe y verdadero testimonio”; o sea, que valida algo como verdadero.
La pregunta es: ¿qué validan los candidatos testimoniales? Veamos.
Para explicar el título y el primer párrafo, primero debemos diferenciar entre dos conceptos que parecen equivalentes pero no lo son: lo legal y lo legítimo.
Legal es aquello que se ajusta a la ley, lo que está permitido. Es lo que dicta el legislador según su voluntad (¿y conveniencia?); es lo que se conoce como el “derecho positivo”.
Legítimo es aquello que es conforme a lo ético, lo que es correcto. Está en relación con los usos y costumbres (moral), pero más específicamente con la propia esencia del ser humano. Es lo que se conoce como el “derecho natural”.
Clásicamente, estos son los derechos a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad.
Si tenemos en cuenta lo anterior, podemos ver que no todo lo legal es legítimo ni todo lo legítimo es legal.
Encerrarnos en nuestras casas durante la cuarentena eterna fue legal (digamos), pero claramente no fue legítimo.
Dejar en prisión domiciliaria a quien no debería acceder a ese beneficio –violadores, narcotraficantes, asesinos, corruptos– también puede ser legal, pero no legítimo.
Trabajar para una app de transporte en Córdoba es legítimo, pero no legal.
Legales, no legítimas
Entonces, si volvemos a las candidaturas testimoniales, podemos afirmar que son legales, pero de ninguna manera legítimas.
Quienes se postulan saben que no van a asumir el cargo, por lo que están engañando al electorado, lo están estafando.
He escuchado las justificaciones más absurdas y ridículas imaginables. La más frecuente es afirmar que lo que se vota es el proyecto del partido y no el candidato.
Si esto fuese cierto (cosa que no lo es), entonces ¿para qué incluir candidatos? Que en la boleta pongan el nombre del partido y se repartan porcentajes de un total según los resultados. Sería mucho más barato.
También podríamos preguntar: si lo que importa es el partido y no el candidato, ¿por qué se postula quien no va a asumir y no cualquier otra persona?
El absurdo de estos planteos sólo es comparable al grado de burla que los políticos ejercen sobre la sociedad.
Por todo esto, las candidaturas testimoniales dan un indiscutible testimonio de lo que son y de lo que representan: estructuras partidarias nefastas y parasitarias, sin principios ni valores, malvadas y despiadadas.
Cuando votes, también vas a dar testimonio. Vos vas a decidir si este será a favor de la honestidad o de la trampa; a favor del mérito o del acomodo; a favor de los argentinos decentes o de los corruptos.
Analista político

