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Cambia, todo cambia

Esteban “el Bebe” Righi tera un ferviente militante de la Tendencia Revolucionaria de la Juventud Peronista cuando fue ministro del Interior de la presidencia de Héctor J. Cámpora. Carlos Sacchetto.

26 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Cambia, todo cambia

Esteban "el Bebe" Righi tenía sólo 35 años y era un ferviente militante de la Tendencia Revolucionaria de la Juventud Peronista cuando fue ministro del Interior de la breve presidencia de Héctor J. Cámpora, entre mayo y julio de 1973. Desde hace seis años, a propuesta del entonces presidente Néstor Kirchner y con acuerdo del Senado, es procurador General de la Nación. Su relación con el matrimonio presidencial fue siempre estrecha, sus opiniones muy valoradas y Righi devolvía respeto político y entusiasmo con el proyecto de poder kirchnerista que ayudó a construir. "Ya no es lo mismo", asegura un amigo de las partes, conocedor de la fatiga que exhibe la relación, por los arrebatos emocionales de la pareja, que derivan en repetidas torpezas políticas. Según ese amigo, Righi está cansado de los "impresentables" del kirchnerismo y piensa que, en lugar de ayudarlo, le causan un gran daño al Gobierno, con consecuencias electorales. Pero el procurador no se quedó en la idea sino que la convirtió en acción y públicamente: aconsejó a la Corte Suprema de Justicia que acepte un recurso de apelación presentado por la Fiscalía de Investigaciones Administrativas contra el sobreseimiento del titular de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en una causa en la que fue denunciado por presunto enriquecimiento ilícito. Moreno es considerado por Righi como uno de los "impresentables" y, para sorpresa de muchos, su dictamen no hace más que soltarle la mano al delfín duro de Kirchner. El dato no pasó inadvertido porque revela fisuras en el poder. De jueces y presiones. Tampoco fue menor el impacto que provocó en las filas kirchneristas la pérdida de la mayoría en el Consejo de la Magistratura, el organismo encargado de controlar la conducta de jueces y su eventual destitución. Traducido esto en términos políticos, significa que al Gobierno ya no le resultará tan sencillo presionar a los magistrados independientes para que no investiguen y, a la vez, los jueces que responden abiertamente al oficialismo verán la posibilidad cierta del juicio político. Todo en medio del conflicto generado con la Corte Suprema por el fallo que ordena reponer al ex procurador de Santa Cruz. El martes próximo, el máximo tribunal de justicia será objeto de una presión directa por parte de la movilización de militantes kirchneristas convocada por los medios oficiales. El acto frente a Tribunales no sería posible si no contara con el beneplácito de los Kirchner. "Nosotros no somos oficialistas, pero tampoco oposición", se ve forzado a afirmar un ministro de la Corte. Y la reiteración de esa obviedad demuestra por sí misma que las relaciones institucionales no transitan por caminos de normalidad. Lo cierto es que, hoy, el vínculo entre la Corte y el Gobierno está prácticamente quebrado. Desvelos políticos. En el escenario electoral, en tanto, las certezas aguardan mejores momentos. La decisión del gobernador de Chubut, Mario Das Neves, de no dar batalla por la candidatura presidencial dentro del PJ, deja vacía a la primaria de ese partido, y a Kirchner sin elección interna. Sin embargo, el ocupante de Olivos tiene tiempo aún para sacar un oponente de la galera que legitime el procedimiento para consagrarse candidato. En el kirchnerismo, cada día son más los que especulan con que será el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, quien se convierta en el partenaire , para facilitarle sus propósitos. Mientras el resto de las fuerzas políticas se debate en definir futuras estrategias de alianzas y posibles nombres para corporizarlas, en el peronismo disidente se apuesta casi toda la expectativa a dos ausentes. Uno, Carlos Reutemann, ausente por un silencio que según sus allegados se prolongará hasta marzo del año que viene. El otro, Daniel Scioli, ausente por voluntad hasta que cambie de actitud. Eduardo Duhalde no quiere ser candidato y sus esfuerzos para convencer a ambos, o al menos a uno de los dos, son intensos y persistentes. Cree el ex presidente, y con él buena parte de la dirigencia, que tanto Scioli como Reutemann serían cartas imbatibles para cualquiera de los Kirchner. Pero ninguno de los dos da señales todavía. Nada menos que en el principal distrito, la provincia de Buenos Aires, allí donde el kirchnerismo tiene más posibilidades de hacer la diferencia que le permitiría ganar en primera vuelta, Scioli está en inmejorable posición en las encuestas. Muchos intendentes del conurbano, con olfato fino, le han hecho saber a su gobernador que tienen la valija preparada para seguirlo si el ex motonauta da un salto y lo deja a Kirchner que se arregle con sus listas colectoras, las ambiciones de Hugo Moyano y los piqueteros subsidiados. "Hay demasiados intereses enfrentados, no podemos estar todos juntos", razonan. Saben que Duhalde y el peronismo federal los esperan con los brazos abiertos.