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Bicentenario al aceite

Ayer, Mayo fue la revolución unitaria; hoy, el reclamo federal resuena desesperado desde las provincias. Luis Juez.

09 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Luis Juez*
Bicentenario al aceite

La cercanía de la fiesta del 25 de Mayo parece salpicar con agua fría a una incontable cantidad de autores, pensadores, dirigentes de diversos sectores y muchos más que, despertándose sobresaltados, comienzan a discurrir por largos intentos del pensamiento y la prosa.

La cita se asemeja a un desafío de no llegar desnudo al inventario de frases y discursos alusivos a tan transcendental fecha, pero es mucho más que eso.

Ciertamente, no puedo escapar a la responsabilidad, no tanto de tener "qué" decir, sino de "cómo hacer" para que la historia por venir no nos quede grande.

Argentina no es la de los títulos. Hablo de mi país real, ese que nos desvela más allá de cualquier centenario. Transito esa Argentina metiéndome en el interior de Córdoba y también miro a mi provincia desde el Congreso Nacional, el lugar en el que desaparecen las categorías territoriales, el lugar en el que lo mejor para mi tierra se me ocurre lo mejor para el país y viceversa.

Preparándome. Hoy, siento multiplicadas mis convicciones y mis ganas de prepararme desde el Frente Cívico para gobernar la provincia. Lo hago pergeñando un escenario diferente al de hoy, dando una tenaz pelea para evitar que signos de miseria política oscurezcan el horizonte de la gran provincia que seremos.

Mayo de ayer se asemeja al de hoy. El clamor de saber de qué se trata surge atronador desde todas partes. Los cueros ya no llenan las bodegas de los barcos; ahora, son maquinarias agrícolas, productos industriales y, por supuesto, millones de toneladas de soja. Ayer, las riquezas a redistribuir venían de la Aduana colonial. Hoy, desde un entramado económico complejo, reaparece el puerto como el gigante en el que ocurre todo "eso", sobre lo que el pueblo quiere saber. Ayer, Mayo fue la revolución unitaria; hoy, el reclamo federal resuena desesperado desde las provincias.

Me preparo, entonces, para -desde un robusto Estado del interior- participar de una gran República federal.

Contra la corrupción. Me preparo, como ayer, proclamando la nueva ética pública y esto va por la misma vereda de mi rebelión contra la corrupción. La corrupción en el poder público no es, para mí, asunto de moral. Tampoco pongo el acento en el club de amigos del poder que se enriquece con la corrupción; me rebela que se multiplique el universo de argentinos pobres.

Me inquieta que los miles de millones de dólares de un circuito corrupto que cae en los bolsillos de unos pocos, sea la cantidad exacta de dinero que no llega en obra pública, salud o educación y para la lucha contra la miseria.

La corrupción lubrica los engranajes de un sistema perverso. Lubricaba las transacciones desde la Secretaría de Transporte de la Nación; lubricaba las facturas de Skanska; las valijas de Antonini; aceitaba los servicios de las consultoras del "tren bala", de las autopistas. ¿No engrasa las licitaciones de la obra pública de gran escala? Nuestra Yacyretá del Bicentenario -la usina de Pilar- se cotizó en 1.100 millones de pesos hace un tiempo y hoy llega a 2.000 millones. Nadie sabe cuándo terminará ni cuánto costará, pero sí se sabe que el contrato firmado para su mantenimiento por ocho años es de 2.000 millones de pesos. ¿Cómo se llama esto?

A favor de las Pyme. Celebro que pequeñas y medianas empresas (Pyme), ayer en peligro de extinción, cuenten hoy con la vidriera internacional y vendan sus productos. Acompañaré yo mismo a las empresas locales a colocar su mercadería en las góndolas del mundo. Pero también voy a contagiarles la tranquilidad de que ningún "vivo" se quedará con un centavo por sus oscuros favores.

También debo ocuparme de que los vecinos de esos pueblos que le dan vida pujante a esas factorías vean en sus veredas, calles, consultorios públicos y sus aulas, el fruto de esa ruta virtuosa.

Me preparo con entusiasmo y optimismo, diseñando el camino de una tierra próspera y la buena calidad de vida de su gente. Veo un futuro saludable a pesar de la inflación, que alcanzará a más de 30 por ciento; a pesar de los 22 mil trabajadores expulsados del sistema en 2009; a pesar de la deuda de la provincia de Córdoba, nueve veces mayor a la de Santa Fe.

El Gobierno nacional es una colosal usina de efectos especiales. Mientras nos ufanamos de rozar las 90 millones de toneladas de cereal, el esperado derrame en la distribución de la riqueza se demora.

La agenda kirchnerista insiste en una cortina de humo de iniciativas demagógicas, ocultando la perversa realidad de que los sectores enriquecidos son hoy más ricos y los pobres, en cambio, son mucho más pobres.

La administración K, sin ningún escrúpulo, subordina a su proyecto de poder futuro cualquier gesto federal y democrático, acentuando la toma de rehenes de los gobiernos locales como el de nuestra provincia, tapando a cuentagotas sus sufridos agujeros financieros a cambio de señales de obsecuencia.

Los fuegos del 25 de Mayo serán la marca de lo que fue. El día uno de los próximos 100 años espera al Estado promotor de la salud, la educación y el bienestar. Espera la inauguración del combate a fondo de la pobreza y espera, sin dudas, la defensa a ultranza de los intereses nacionales. Espera gobernantes impregnados de pasión, pero también de generosa racionalidad.

Convoco a prepararnos para estar a la altura de esas expectativas.

*Senador nacional (Frente Cívico y Social - Córdoba)