En Bélgica, las divisiones étnicas paralizan la política
El enorme poder de las comunicaciones electrónicas en el escenario de la política sigue creciendo y manifestándose de distintas maneras. Emilio J. Cárdenas.
El enorme poder de las comunicaciones electrónicas en el escenario de la política sigue creciendo y manifestándose de distintas maneras. No sólo para tratar de desestabilizar a gobiernos autoritarios con suerte variada, como en Argelia o Túnez. De pronto también para defender la unidad nacional. Esto último es precisamente lo que acaba de suceder en Bruselas, la capital belga. Decenas de miles de personas –flamencos y valones por igual– salieron espontáneamente a la calle convocados por cinco jóvenes (tres flamencos y dos valones) a través de Facebook y Twitter, para protestar así pacíficamente contra la incapacidad de sus políticos de conformar un gobierno de unidad. Gracias a esa torpeza, Bélgica lleva ya casi ocho meses sin gobierno definitivo, administrada por funcionarios renunciados. En la historia contemporánea sólo la caótica Irak la supera como una nación que pudo vivir con un gobierno provisorio por más tiempo, en este último caso por espacio de algo más de nueve meses.Bélgica, recordemos, tiene 11 millones de habitantes. El 60 por ciento es de etnia flamenca. El resto es francófono, y además hay una pequeña minoría alemana. La política parece haber quedado presa de las divisiones étnicas. Paralizada. Y esto es lo que amenaza con dividir al pequeño país, que además hoy sufre las consecuencias de la recesión que azotó a Europa y necesita liderazgo y conducción.El rey Alberto II procura, hasta ahora sin éxito, acercar a los dirigentes políticos. Por esto la gente decidió manifestar su disconformidad. Lo que supone enviar un mensaje a todos los políticos por igual. Con independencia de sus colores y su afiliación. Es un mensaje de unidad. De cordura y sensatez. El de una sociedad avergonzada, que sabe que el mundo está lleno de ejemplos que demuestran que en un país maduro pueden convivir en armonía distintas naciones cuando hay un futuro común.Un periodista-caricaturista local Philippe Geluk, ante lo que sucede, acaba de hacer una propuesta bastante original: que todos los varones belgas se dejen crecer la barba hasta que los políticos sean capaces de hacer lo que les cabe: conformar un gobierno de unidad. Más allá de las ironías, ya mismo, de ser posible. Difícil.
*Ex embajador de la Argentina ante las Naciones Unidas

