Atentar contra toda la humanidad
El “Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”, firmado el 4 de febrero pasado llama a proteger los lugares de culto que son atacados por terroristas
El 15 de marzo pasado, el mundo contempló el horror del tiroteo en dos mezquitas de Christchurch (Nueva Zelanda), no sólo a través de la televisión, sino en las redes sociales que lo transmitieron en vivo. No era una serie policial: era una nueva y lamentable masacre que dejó medio centenar de muertos justo en el día y en la hora en que nuestros hermanos musulmanes dedican su tiempo a honrar a Dios.
El repudio internacional no faltó a la cita. El papa Francisco expresó su cercanía a través de un telegrama en el cual se mostraba “entristecido profundamente al tener noticia de los heridos y la pérdida de vidas causadas por los insensatos actos de violencia”.
Esto mismo hace que sea de continua actualidad el “Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”, firmado el 4 de febrero pasado en Abu Dhabi por el papa Francisco y el gran imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib.
En él se pedía a los dirigentes mundiales “comprometerse para difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz”, con una fuerte crítica a la carrera de armamento.
El documento inicia con una expresión en la que parece resonar una regla de oro: “En el nombre de la inocente alma humana que Dios ha prohibido matar, afirmando que quien mata a una persona es como si hubiese matado a toda la humanidad”.
El texto reafirma el compromiso que el Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz) está llevando adelante desde hace varios años: “Declaramos también la importancia de reavivar el sentido religioso y la necesidad de reanimarlo en los corazones de las nuevas generaciones, a través de la educación sana y la adhesión a los valores morales y a las enseñanzas religiosas adecuadas, para que se afronten las tendencias individualistas, egoístas, conflictivas, el radicalismo y el extremismo ciego en todas sus formas y manifestaciones”.
No es casual que el documento llame a proteger los lugares de culto que son atacados por terroristas: “La protección de lugares de culto es un deber garantizado por las religiones, los valores humanos, las leyes y las convenciones internacionales. Cualquier intento de atacar los lugares de culto o amenazarlos con atentados, explosiones o demoliciones es una desviación de las enseñanzas de las religiones, como también una clara violación del derecho internacional”.
* Fraternidad religiosa
* Sacerdote católico, miembro del Comipaz.

