Ambiciones buenas y malas
Durante estos días marcados por la campaña para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, he escuchado algunas expresiones reveladoras, que permiten conocer las verdaderas motivaciones de las personas que las pronuncian.
Durante estos días marcados por la campaña para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, he escuchado algunas expresiones reveladoras, que permiten conocer las verdaderas motivaciones de las personas que las pronuncian. La ambición por el poder es una constante que aparece detrás de cada frase que dicen. Esta ambición puede ser positiva o negativa, según el caso.Es positiva cuando el ser humano la usa para motivarse día a día, superarse y lograr objetivos que no sólo satisfacen intereses personales, sino que también buscan satisfacer los intereses de los demás, mediante acciones y proyectos que contribuyen al bienestar general. Gracias a una actitud ambiciosa positiva, pueden lograrse estos objetivos y metas con determinación, esfuerzo y dedicación.La ambición es negativa cuando se confunde con la avaricia, con la cual una persona podría dañarse a sí misma o a los demás para conseguir lo que desea. Ese deseo es tan fuerte que el individuo está dispuesto a violar las normas éticas o legales para concretarlo, perjudicándose o afectando a terceros.En la historia, hubo casos en los que la ambición llevada al extremo trajo aparejada todo tipo de desastres y calamidades.Un caso concreto fue Napoleón Bonaparte, emperador de Francia, que tenía tanta ambición por convertirse en dueño y señor de Europa que incurrió en numerosos abusos con tal de colonizar otras naciones. El resultado es que estas acciones negativas fueron las que lo condujeron a la derrota y terminó sus días desterrado en una isla, donde murió. Guiados por una ambición desmedida, hay quienes creen que "el fin justifica los medios", sin tener en cuenta los daños que pueden producir con su propia actitud a otras personas. Para que la ambición no se convierta en algo dañino, debe existir un límite, de modo que en su concreción no se violen normas éticas o legales. Cuando el límite no está, aparece el autoritarismo, un sistema político que se encuentra fundado en la sumisión incondicional a la autoridad vigente y que consiste en ejercer esa autoridad para mandar, dominar o influir sobre los demás.Se dice que el poder embriaga, y bajo un estado de embriaguez nadie puede obrar con sano juicio. Con el mal trato, viene aparejado el abuso de poder, que trae como consecuencia– entre otras cosas– el miedo.Se trata de un miedo que paraliza, porque es consecuencia del establecimiento de normas o leyes que restringen las libertades individuales, producto de la acción de ese autoritarismo.Gracias a Dios vivimos en una nación libre, donde cada uno puede ejercer sus derechos, sin entrar en el libertinaje que tanto nos perjudica. Rogamos a Dios que, en los días venideros, su amor y misericordia nos permitan vivir en una sociedad donde la paz y la concordia sean una constante. Que con su ayuda desaparezca todo miedo y podamos dejar de lado odios, rencores y enfrentamientos entre hermanos.Pedimos a Dios que traiga sabiduría a las autoridades que van a gobernarnos, para que tomen decisiones correctas, de modo que podamos vivir disfrutando de la libertad que tenemos. Que el sol salga sobre nuestra nación trayendo la luz que disipa toda tiniebla. Dios bendiga a la Argentina.

