Algo comienza a cambiar
El principal objetivo de la propuesta es que los recursos lleguen a las cajas provinciales sin que medie ningún “peaje político”. Se trata de una propuesta mucho mejor que el esquema vigente, ya que garantiza transparencia, automaticidad y equidad en la administración de los fondos previsionales.
La vida cotidiana de los argentinos hace un buen tiempo acumula no pocos problemas, pero me parece que ninguno tan importante como el deterioro del "capital político" que modela la atmósfera y nuestra convivencia. Mientras las sociedades modernas se consolidan y avanzan a partir del diálogo, la racionalidad y la búsqueda de consensos, nuestras contramarchas continúan su viaje de la mano de los monólogos, la intolerancia y viejas prácticas punitivas que nos retraen y retrasan cada vez más.Voy a apoyarme en un par de ejemplos para defender mi planteo. Hace un tiempo, ante la intempestiva decisión del Gobierno nacional de suspender los desembolsos previstos en el convenio de armonización de la Caja, elaboramos, con Francisco Fortuna –entonces diputado– y con el apoyo decidido del Gobierno provincial, un proyecto de ley nacional que contempla la distribución automática de fondos tributarios desde la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).El principal objetivo es que los recursos lleguen a las cajas provinciales sin que medie ningún "peaje político". Se trata de una propuesta mucho mejor que el esquema vigente, ya que garantiza transparencia, automaticidad y equidad en la administración de los fondos previsionales.Demostrando que las buenas ideas son más importantes que quienes las piensan y están para ser aprovechadas, una gran cantidad de diputados –tanto de Córdoba como de otras provincias– suscribió el proyecto.El apoyo de legisladores del Frente Cívico, de la UCR, del PRO, del PJ y el socialismo, burlando la falsa dicotomía de "sos de los nuestros o sos enemigo", fortaleció la propuesta y confirmó los beneficios del diálogo democrático. Como puede verse, algunos problemas no poseen grupo sanguíneo ideológico; están ahí para ser resueltos.Pero los legisladores del FPV –incluso los que fueron elegidos para representar a Córdoba– dieron la espalda a la iniciativa. Dejando de lado sus convicciones y el interés de sus representados, optaron por disciplinarse ante un poder que se legitima en tanto castiga y discrimina. La dura consecuencia para todos los cordobeses es la enorme sangría de recursos que sufrimos desde hace cuatro años.
Contraste
Aquella experiencia contrasta con la postura adoptada frente a la tragedia de las inundaciones. El hecho de que todos los legisladores de Córdoba, incluidos los del FPV, asumieran posiciones en común y las presentaran a la Jefatura de Gabinete huele a aire fresco.
En un contexto de inexorable transición política, rumbo a un gobierno nuevo y también distinto, corresponde tildar con un “me gusta” ese elemental gesto de convivencia, tolerancia y diálogo. No tanto por los resultados que pueda arrojar (que ojalá sean positivos), sino porque define otro modo de hacer el trabajo para el que se nos contrata.
Prefiero no sumarme a las sospechas de que ese gesto es apenas una maniobra oportunista frente al drama que sufren tantos comprovincianos. Aun cuando eso pudiera ocurrir, rescato esta manera de enfrentar los problemas.
Espero sea un primer paso para comenzar a rehacer nuestro “capital político”; y que, más allá de quienes ganen las elecciones, hayamos comenzado a sustituir el centralismo, la punición y el destrato por el diálogo, el respeto y la racionalidad.

