Alas de libertad
Es un sintagma sugerente que puede evocar las fantasías, sueños y los anhelos más románticos del hombre Ángel Stival.
Alas de libertad es un sintagma sugerente que tanto puede evocar las fantasías, sueños y anhelos más románticos del hombre como servir, simplemente, para que Jorge Rojas, Natalia Oreiro o Jaime Kohen compongan canciones e interpretaciones insufribles. Acaso un día, al abrir la puerta de calle, cruza por la cabeza (o el corazón) de cualquiera la imagen de un mundo abierto al cual zambullirse sin ataduras, dejando atrás lastres amados y odiados, pesadumbres y alegrías harto conocidas y las ligazones que componen el sólido mundo que se pisa cada día.O en la ruta, detrás del volante de un auto, frente a la cinta negra que se anticipa infinita y cargada de promesas. En ese sentido, son proverbiales los sueños de Jack Kerouac (1922-1969) de En el camino , obra fundante de la generación beat norteamericana, que exalta las mieles de los grandes espacios.A sir Alan Parker, noble británico venido del barro, debemos la película Birdy , traducida al español como Alas de libertad , un sencillo canto a la amistad y esperanza, extraído de las miserias de la Guerra de Vietnam. No future , escribían los punks en las paredes de Londres en la década de 1970, justo cuando John Lennon concebía su Imagine (Imagina que no existe el cielo / es fácil si lo intentas / sin el infierno debajo nuestro / arriba nuestro, sólo el cielo / Imagina a toda la gente / viviendo el hoy... / imagina que no hay países / no es difícil de hacer / nadie por quien matar o morir / ni tampoco religión / imagina a toda la gente / viviendo la vida en paz). Sueños. Imagine, dice el memorial de John Lennon en Strawberry Field, en el Central Park neoyorquino, donde nunca falta una flor. ¿Habrá que creer que sólo la locura de apropiarse de la fama de Lennon armó el brazo asesino de Mark Chapman? En todas estas evocaciones ronda el hálito de la libertad. Algo de eso debe estar sucediendo con la convulsión árabe, en la que ahora es el turno de la Libia de Muamar Kadhafi, después de los estragos de Egipto, Túnez y Argelia. Hay, al menos, algunos testimonios sugestivos en las redes sociales tan en boga, que así parecen indicarlo. Como el de esa mujer árabe que, a cara descubierta, se confiesa secular ("soy una persona seglar que no cree en lo sobrenatural") y le retruca sin temores a su interlocutor, un religioso que la interpela con aspereza, tildándola de hereje: "Hermano, usted puede creer en las piedras, mientras no me las arroje a mí".

