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Está para salir, pero no tiene adónde ni cómo

Don Carlos es herrero. Gracias a su trabajo se compró un celular al que lo llaman los clientes para encargarle rejas y parrillas.

26 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Está para salir, pero no tiene adónde ni cómo

Don Carlos es herrero. Gracias a su trabajo se compró un celular al que lo llaman los clientes para encargarle rejas y parrillas. Su número se hizo conocido por los cartelitos que fue pegando en almacenes y tiendas. Hasta se compró una moto ahora y piensa en fabricar un carrito para hacer tareas a domicilio. Por ahora, trabaja en el taller que le presta un amigo pero sueña con tener su propio local en el pueblo. Al final de cada jornada, deja las herramientas y vuelve al hogar en el que vive, junto a otros pacientes, en el hospital neuropsiquiátrico Vidal Abal de Oliva.Carlos Salvay nació hace 63 años en Lucio V. Mansilla y hace 10 que ingresó a la colonia para enfermos mentales. Hijo de un mecánico, toda su vida trabajó con hierros y caños. Reconoce que tiene muy poco contacto con su familia, pero también ha descartado oportunidades de viajar a ver algún pariente por atender a sus clientes. "Hay bastante demanda", dice con cierto orgullo.Habla pausado, pero con precisión y memoria. Recuerda las innumerables ciudades en las que vivió y las provincias que recorrió montando plantas industriales. Esas manos gigantes dan cuenta que el trabajo pesado fue siempre lo suyo.Hoy el hospital de Oliva es su lugar en el mundo. Si le dieran el alta en este instante no tendría a dónde ir. Vive en una casa donde tiene plena autonomía y comparte las horas con otros pacientes. Miran televisión, se cocinan, andan en bicicleta por el predio. "El trabajo y el tiempo, con la ayuda de los doctores, lo van curando a uno", dice.