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Una maldita sangría que no tiene freno

Cada fin de semana, rutas y calles se vuelven una maldita sangría, que parece importarnos muy poco. Y si conmueve, muchos piensan que no les tocará. Claudio Gleser.

14 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Una maldita sangría que no tiene freno

No por repetida, la situación deja de atormentar. Cada fin de semana, rutas y calles se vuelven una maldita sangría, que parece importarnos muy poco. Y si conmueve, muchos piensan que no les tocará.

Atropellados; estrellados contra un árbol, un acoplado o un automóvil; destrozados en el pavimento tras volar de la moto, cientos de chicos jóvenes mueren a cada rato. Tantos otros son los que cometieron esos accidentes. Sobre todo de noche, sobre todo los fines de semana.

Lo peor es que nos acostumbramos a leer la noticia o a verla por TV con el mismo interés que vemos un documental sobre el apareamiento de caracoles. Es cierto, en un país donde se maneja mal y los siniestros viales son la principal causa de muerte, no es ilógico que pase esto. Pero no podemos darnos el lujo de quedar impávidos ante esta realidad.

Médicos del Hospital de Urgencias comentan que los jóvenes que se matan en choques, sobre todo motociclistas, son los principales donantes de órganos. En pocos días hemos sido testigos de dramas con chicos al volante.

Repasemos algunos de los últimos dramas: una persecución entre autos a la salida de un boliche de la zona del Chateau termina con una chica muerta; un Palio que corría con siete chicas a bordo se estrella contra un poste en Villa Cornú y muere una de ellas; dos motociclistas sin casco fallecen en La Cumbre; días atrás, un grupo es arrollado por un joven automovilista a la salida de un baile, en Alberdi. Ayer, dos nuevos casos con jóvenes como protagonistas.

Ni qué decir del nuevo "deporte" cordobés: arrollar, matar y desaparecer del lugar, lo que agrava la situación penal.

En 2009, murieron 522 personas en siniestros viales en la provincia de Córdoba: la mayoría (157) fueron jóvenes.

La situación tiende a agravarse durante los fines de semana, cuando el alcohol, la velocidad, la imprudencia y el descontrol se apoderan de calles, rutas y avenidas.

Estamos mal y parece no importarnos. Está visto que los controles policiales y municipales, hechos de vez en cuando, no alcanzan. ¿Será hora de que se revea la desaforada venta de alcohol en la noche? ¿No será tiempo de que en los colegios se enseñe (en serio) accidentología y cómo quedan los que sobreviven? ¿No será hora de que en cada hogar se hable más, y en serio, sobre lo que está pasando? ¿Será que nadie se preocupará hasta que la sangría lo salpique?

Hasta el próximo finde.