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Turbas justicieras

Cercado por una turba que clamaba su cabeza, un hombre simplemente sospechado de haber manoseado a una nena decidió acabar con todo y se descerrajó un escopetazo en la cabeza. Claudio Gleser.

08 de febrero de 2013 a las 12:01 a. m.
Turbas justicieras

Cercado por una turba que clamaba su cabeza, un hombre simplemente sospechado de haber manoseado a una nena decidió acabar con todo y se descerrajó un escopetazo en la cabeza. El dramático episodio ocurrido el miércoles en Los Plátanos, barriada de clase media del sur de la Capital, se convirtió en una noticia que seguramente quedará en el olvido en los próximos días, cuando nos enteremos cómo otra turba (sea en Córdoba, Rosario, Buenos Aires, Tucumán, por caso) decide saldar "cuentas" por mano propia. De forma periódica, vemos impávidos cómo acusados de hechos aberrantes son atacados por personas enajenadas, dispuestas a todo. Cuando los acusados no son ubicados, no importa. Se ataca a su familia, la casa, el auto… Los autores de las agresiones se justifican aduciendo sentirse desprotegidos por la Policía y porque la Justicia es "tardía" o "injusta". En los últimos años, la racionalidad parece haber desaparecido para dar lugar a una cacería de brujas a cualquier costo.En 2012, en Villa María, un anciano murió tras una golpiza de vecinos. Estaba acusado de haber violado a un chico. Al ver que "la Justicia no hacía nada", la turba actuó. El padre del chico abusado terminó procesado por homicidio.También en 2012, al menos un hombre dispuesto a saldar cuentas con el supuesto abusador de su hija atacó a pedradas su casa en Córdoba Capital. Un jubilado que vivía allí murió de un cascotazo. Pero no era el acusado: era el nuevo inquilino. Del crimen, fue acusado el padre de la nena.No se discute aquí si el hombre que se suicidó era un violador o no. De lo que se trata es que, como sociedad, vivimos en un estado de derecho que se rige por leyes que deben ser respetadas y cumplidas. O lo hacemos o estaremos definitivamente perdidos.