Temen que las víctimas superen las 600
La cifra de cuerpos identificados ayer era de 548, pero las autoridades admiten que hay más de un centenar de personas desaparecidas.
Teresópolis (Brasil). La lluvia volvió a azotar ayer a los pueblos de montaña, donde deslizamientos e inundaciones mataron al menos a 548 personas y dificultaron las labores de rescate, mientras los sobrevivientes bajaban a sus muertos de las colinas para enterrarlos. Como saldo de uno de los desastres naturales más mortíferos de la historia de Brasil, las autoridades temen que la cifra de muertos aumente de forma drástica, aunque no quisieron aventurar cuántas personas siguen desaparecidas. Las informaciones locales mencionan centenares.El Departamento de Defensa Civil del estado de Río dijo en su cibersitio que fueron identificados 534 cuerpos: 238 personas murieron en Teresópolis, 247 en la cercana Nova Friburgo, 43 en Petrópolis, 18 en la ciudad de Sumidouro y 2 en San José do Vale do Río Preto. Agregó que unas 14 mil personas han tenido que abandonar sus casas.Es el peor desastre natural que azota a la mayor nación sudamericana desde las inundaciones y deslizamientos de 1967, que dejaron 785 muertos, según la Base de Datos Internacional de Desastres, con sede en Bruselas, que ha registrado los desastres en Brasil desde 1900.Numerosos equipos de rescate acudieron a la zona y las autoridades dijeron que la falta de ayuda no era un problema: lo difícil era el acceso a las zonas aisladas por el corte de las rutas. Pese a regresar las lluvias, no se reportaron nuevos deslizamientos de lodo. Tarea difícil. Los sobrevivientes encaraban la sombría tarea de enterrar a sus seres queridos. Al anochecer del jueves, voluntarios descalzos arrastraron un generador y luces hasta el cementerio de uno de los pueblos, donde casi 200 nuevas tumbas recién excavadas yacían abiertas como heridas en el suelo de arcilla rojiza, a la espera de víctimas.El jueves último hubo funerales todo el día bajo una persistente lluvia: una mujer enterró a su hermano; un hombre, a su sobrino de 1 año en un pequeño féretro blanco, y una madre gritaba el nombre de su hijo de 9 años, mientras sus restos eran colocados en la tumba.Pequeñas cruces blancas, hechas a mano, identificaban a las víctimas sólo por números: los detalles vendrán después.Decenas de nuevos funerales se hicieron ayer y otras 300 nuevas tumbas serán excavadas hoy, informó Vitor da Costa Soares, un empleado municipal a cargo del cementerio.Una lluvia fuerte antes del amanecer del miércoles desató deslizamientos que enterraron a mucha gente que dormía, en una zona a 65 kilómetros al norte de la ciudad de Río de Janeiro.Los sobrevivientes comenzaron a cavar con sus manos, cacerolas o lo que encontraron para buscar a sus amigos y familiares, mientras la ayuda se demoraba en llegar a una zona remota, en las laderas de colinas empinadas.En el vecindario de Campo Grande, en Teresópolis, al que ahora sólo se llega caminando ocho kilómetros por la selva lodosa, los sobrevivientes rescataban los cadáveres de sus familiares sepultados por el barro. Cuidadosamente, tendían sus cuerpos sobre el terreno seco.

