Superhéroe vernáculo
No es un fenómeno sencillo. Un “justiciero” o alguien que busca “justicia por mano propia” puede surgir cada tanto en los grandes conglomerados. Francisco Guillermo Panero.
No es un fenómeno sencillo. Un "justiciero" o alguien que busca "justicia por mano propia" puede surgir cada tanto en los grandes conglomerados. Pero la aparición de uno que decide encarnar el rol de enmascarado o ponerse el disfraz de "superhéroe" es demasiado. La capacidad de asombro no encuentra límites cuando uno aprecia que este personaje (nunca tan bien usado el término) tiene no sólo nombre de superhéroe, sino que además usa disfraz similar al Capitán América, oculta su cara, con escudo y todo los íconos necesarios para la caracterización. Pero también "Menganno" cuenta con la facilidad de que para su papel también tiene "escenario": el violento conurbano bonaerense, y "público", con más de 30 mil seguidores en Facebook, por si faltaba algo para haberse convertido en "celebridad".La popularidad entre vecinos y seguidores de redes sociales se ha visto cimentada ahora por la multiplicación que dan los medios de comunicación social tradicionales. Ayer, hasta las agencias internacionales hablaban del "justiciero argentino". Detrás de la careta. Habrá que reconocer que detrás de la careta o del personaje hay una identidad, por más que como en la ficción, no sea conocida, como la escondía Bruno Díaz de Batman. Y habrá que coincidir que en este caso, real, se trata de un hombre que tiene algunos rasgos de personalidad particulares: elevada fantasía, deseo de ser venerado y marcada megalomanía. Pretendiendo llenar el vacío que no cubren el monopolio de la fuerza o de la justicia que le corresponden al Estado, este payaso armado también tiene sus seguidores que –según se lee en su cuenta de Facebook– lo felicitan, lo alientan y hasta lamentan que no haya matado a algunos de los "villanos" con los que se enfrenta.Jinete motorizado del siglo 21, recorre las calles de Lanús con el beneplácito de cierta gente "de bien" que, al igual que en la política, parecen necesitar un salvador que venga a suplir lo que supuestamente otros no hacen. Debemos reconocer que no es ajeno a este clamor popular un fuerte costado autoritario. Si hay infaltables que encuentran héroes que pasan por encima de la ley y de los procedimientos que la comunidad organizada ha instituido, también este fenómeno de masas se inscribe en momentos en que la sociedad cuestiona a las fuerzas del orden y a la Justicia misma. Pero también en tiempos en que otros que hace varias décadas la emprendieron por su cuenta, son juzgados por crímenes de lesa humanidad.En el año en que se cumplen 30 años de democracia será necesario recordar que los remedios contra males como la inseguridad deberán encontrarse en el marco de una sociedad organizada y ajustada al estado de derecho. Y que los héroes, mesías o salvadores no hacen sino aumentar peligrosamente los mismos flagelos que dicen combatir.

