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Se quebró el pacto entre los acusados

A la mañana, habían declarado dos de los imputados que no se salieron del libreto de negar todo.

15 de febrero de 2012 a las 12:01 a. m.
Se quebró el pacto entre los acusados
Un giro inesperado. La acusada Daniela Natalia Milhein, al declarar ayer a la tarde. Su testimonio abrió un nuevo horizonte en el caso (Télam).

Enviado especial a San Miguel de Tucumán Un punto de inflexión. El guión que hasta las 18 de ayer parecía sólido comenzó a fisurarse luego de que una de los 13 imputados por la desaparición de María de los Ángeles Verón, "Marita", pidiera la palabra y dejara al descubierto las complicidades del submundo de la noche, la prostitución y sus aliados.

Se trata de Daniela Natalia Milhein (40), acusada de retener a “Marita” en su casa y luego venderla. Fue la tercera persona que ayer compareció en la sala penal de los tribunales de San Miguel de Tucumán.

Antes, durante una extensa jornada de mañana, habían declarado los hermanos María Jesús y Víctor Rivero, que pretendieron dar la nota de la jornada luego de que por consejo de su flamante abogado Cergio Morfil (así, con “c”) pidieran hablar y responder preguntas. El resto de los imputados se abstuvo de declarar, por lo que en la sala se leyeron sus testimonios en la instrucción de la causa, trámite que había comenzado la semana pasada y culminó recién ayer.

De esta manera, durante la mañana los hermanos Rivero se mostraron sólidos asegurando ser inocentes, no conocer a nadie del ambiente de la prostitución y acusando de “mitómano” a un testigo de apellido Nievas, que los involucró en la causa.

El pulpo. Cuando los abogados defensores les preguntaron, dijeron desconocer al resto de los imputados, respuesta que beneficiaba a todos los acusados. María Jesús, que se mostró con una presencia avasallante, muy segura y firme, sólo aceptó conocer desde antes a Milhein, ya que apuntó que quien fue su pareja, Rubén "la Chancha" Alé, le había sido infiel con esta mujer.

Pese a no estar en el banquillo, Alé es un enorme pulpo que sobrevuela toda la causa por la desaparición de “Marita”. Incluso, la madre de la joven desaparecida, Susana Trimarco, ha remarcado más de una vez que ella espera que tras este juicio se abra otro proceso con “la Chancha” en el banquillo.

En Tucumán, lo sindican de ser el líder de un poderoso clan mafioso, ex barrabrava y luego presidente del popular club de fútbol San Martín, hoy preso acusado por la presunta usurpación de una finca y por quedarse con la cosecha de soja de ese predio. Un clan con tentáculos en el negocio de los remises (junto a la imputada Rivero, Alé fue dueño de la remisería “Cinco estrellas”, una flota de tres mil vehículos cuya incidencia en las elecciones supo ser clave) al que Trimarco acusó de manera pública de “manejar la mafia de Tucumán” y de ser “el responsable de la desaparición” de su hija.

La brecha. Pero la solidez común que habían tenido todos los testimonios hasta ayer a la tarde, los hablados y los leídos, se quebró cuando se sentó a declarar la última de los 13 imputados que restaba. Se trataba de Milhein, de quien todos esperaban que se sumara al resto de los acusados en cuanto a la línea argumentativa. Ante esto, jueces, abogados, periodistas y el público aguardaban que ella terminara pronto para empezar a escuchar a Trimarco, la primera testigo en arrancar.

Pero todo cambió. Apenas se sentó, Milhein solicitó que su hija embarazada de ocho meses se fuera de la sala. Muy nerviosa, dijo que el padre de la joven era “la Chancha” Alé, quien la inició a los 16 años en la prostitución. Agregó que este hombre la obligó a prostituirse siendo menor de edad, que la amenazó y que en esa época él tenía dos mujeres, Rivero y Milhein, pero sólo a ella la obligaba a trabajar en prostíbulos.

Ante el impacto general, siguió hablando, para regocijo de la querella que aguardaba que se quebrara en algún momento el pacto entre los acusados, grietas que pueden llevar hacia la verdad sobre qué fue del destino de “Marita”.

Milhein contó que cuando no quería prostituirse, el entonces jefe de la Brigada de Investigaciones de Tucumán, Mario “Malevo” Ferreyra, la desnudaba ante varios hombres y la “picaneaba”.

Pero no fue todo. Dijo que la prostituyeron en el prostíbulo “Candilejas”, cuya autoridad sindicó en la imputada Irma “Liliana” Medina. “Ella no me dejaba ir, me pegó y me amenazaba con ponerme droga en mi pieza y armarme una causa con policías de allá, por eso le tuve que decir que el padre de mi hija era ‘la Chancha’ Alé y recién ahí me dijo ir”.

Y denunció que el jueves último, en un cuarto intermedio, Medina la amedrentó en un baño de Tribunales. “Medina me dijo que solucionara el tema de la declaración de María Alejandra Huertas: en el baño puso su mano en la panza de mi hija embarazada y dijo que la busque a la ‘Julieta’”.

Explicó que este era el nombre de fantasía de Huertas, prostituta ex pareja de José Fernando “Chenga” Gómez (hijo de Medina y también imputado) y que debe declarar como testigo en la causa.

Cabe aclarar que todos los imputados están en libertad.

Tras un cuarto intermedio, la acusada también dejó mal parado al abogado Jorge Cáceres, defensor de Medina y “el Chenga”, ya que, según ella, el letrado se le acercó durante el receso y le dijo que ella no conocía a los imputados de La Rioja ni ellos a ella.

Según otra testigo, Fátima Mansilla, en la casa de Milhein estuvo cautiva “Marita”. Ayer, ella negó esto. Y aunque vinculó a Alé con el negocio de la prostitución y lo acusó de manera directa de haberla obligado a acostarse con hombres siendo menor, también respondió que “la Chancha”, según ella sabía, no tenía relación con la desaparición de “Marita”.

Para la querella, aunque quedaron varios cabos sueltos, entre ellos la supuesta participación de Milhein en el secuestro, se trató de un testimonio fundamental, ya que marcó una ruptura entre los acusados. Mientras declaraba, Medina la increpó cuatro veces, por lo que fue reprendida.

Trimarco, para hoy. Al final, Susana Trimarco comenzará a declarar hoy. Pero la postergación –coincidían todos anoche en Tribunales– había valido la pena. Milhein abrió un camino por el que puede llegarse a alguna parte en este juicio histórico.