Se impone el código del silencio en el "narcosecuestro"
Ayer declararon los padres de los jóvenes secuestrados. Uno dijo recordar poco y nada, mientras que para el otro "se trató de una broma".
–Ramón Nicolás Herrera. 22/02/67. Cuatro hijos, de entre 21 y 12 años. Fletero. A Jatib lo conozco desde la cárcel, yo trabajaba en la cocina y lo veía a él y a los tíos. –¿Qué sabe del hecho? –preguntó el fiscal Maximiliano Hairabedian.–Nada. Nada, nada.–¿Sabe si exigieron dinero?–No me acuerdo.–¿Sabe por qué lo secuestraron a su hijo?–No lo sé, sé que a la hora y media ya estaba en casa (...) Para mí ha sido todo una equivocación o una broma.–Usted en una declaración anterior dijo cosas totalmente distintas: que su hijo lo llamó pidiendo plata, y usted dijo que se quedara tranquilo, que suponía quiénes podían ser (los secuestradores). ¿Tiene miedo? ¿Por qué ahora dice cosas tan distintas?–Nooo, ¿miedo a qué? Yo no sé si fue secuestrado, si a la hora y media volvió a la casa.–Esta es una flagrante mentira, solicito al Tribunal que remita los antecedentes del testigo por falso testimonio. Secuestrados. El 17 de julio de 2010, cerca de las 20.30, dos jóvenes de 17 y 18 años, "Pacharo" y Mauricio Adrián D'Ávila, estaban charlando frente a un pool ubicado en Calle 86 esquina ruta 19, de barrio Barranca Yaco, al sudeste de la ciudad de Córdoba. Fue entonces que irrumpieron varios sujetos armados, encapuchados y con chalecos antibalas. En segundos, ambos fueron reducidos y conducidos a un baldío cercano, donde les vendaron los ojos y les inmovilizaron con precintos las manos y piernas. Luego, los mantuvieron cautivos en una casa. Con los teléfonos celulares de los jóvenes, llamaron a los padres. Exigían de 50 a 100 mil pesos por su liberación. Horas después, los soltaron en una plaza de barrio Yapeyú, próxima a la Costanera. Todo consta en la instrucción de la causa que llevó adelante el fiscal federal N°1, Enrique Senestrari. Mientras estaban secuestrados, la madre de D'Ávila y su pareja, Herrera (es padrastro de Mauricio, en el juicio aseguró que lo siente como un hijo porque lo crió desde que tenía dos meses), fueron hacia el edificio de Tribunales Federales a radicar la denuncia. Fue en ese momento, que el hombre declaró lo que ayer intentó recordarle el fiscal Hairabedian.Sin embargo, luego de que los jóvenes fueran liberados, el silencio comenzó a ser el factor predominante en la causa.De los cinco aprehendidos por este caso, en primera instancia, tres ya fueron sobreseídos y dos llegaron al juicio acusados de secuestro extorsivo, Leandro Gabriel "Pepe" Jatib (26) y José Manuel Alejandro "Manu" Cuevas (22, cumple una condena por un intento de secuestro que terminó en homicidio). El proceso comenzó la semana pasada en el Tribunal Oral Federal N°(2 integrado por Carlos Lescano, José Fabián Asís y José Vicente Muscará), prosiguió ayer y continuará el próximo miércoles a las 9.Durante su testificación, Herrera aseguró que dos meses después de este episodio, la división Drogas Peligrosas de la Policía allanó su casa y lo detuvo por narcotráfico. "Me pusieron droga en los bolsillos, acá lo saben bien porque este tribunal me absolvió. Perdí dos años de mi vida por esto, fue una causa armada porque mi hermano está en la política o, también pensé, una represalia porque en 1989 asalté a la exjueza Cristina Garzón de Lascano", relató. En ese sentido, deslizó que creía que esa detención podía estar motivada por una relación de parentesco del presidente del Tribunal con el marido de la exjueza, a lo que Carlos Lescano se encargó de aclarar: "Soy primo tercero, no tengo nada que ver". "No me acuerdo". Antes de que declarara Herrera, el que se sentó en el banco de los testigos fue el padre de "Pacharo". Su testimonio estuvo plagado de vaguedades, pese a las repreguntas del fiscal para intentar encontrar algo concreto en su relato. "No me acuerdo", fue la respuesta que más veces brindó el hombre que hoy está detenido por una causa de drogas. Aseguró que cuando lo secuestraron a su hijo, él estaba trabajando en Arroyito y esa noche se encontraba en San Francisco. Que recién días después vio a su hijo y que nunca hablaron del secuestro. Hairabedian le leyó una declaración en la que había asegurado que aquella noche le había llamado un sujeto conocido como "Chiri", de Villa Inés, que fue el que le solicitó 50 mil pesos para el rescate. "Me pedían dinero porque decían que yo andaba en la droga", fue la frase que le recordaron que él había dicho. Pero otra vez aseguró no recordar nada. Tras ellos, testificó el comisario mayor Gregorio Daniel Nis, hoy a cargo de Drogas Peligrosas pero cuando ocurrió el secuestro lideraba la división Antisecuestros de la Policía cordobesa. Ante una consulta de Hairabedian, y antes de describir cómo habían llegado a los sospechoso hoy juzgados, Nis describió cómo operan las bandas de "narcosecuestradores" en Córdoba: "Tuvimos conocimiento por denuncias de personas que estábamos investigando por comercialización de estupefacientes y detectamos que eran víctimas del secuestro de un familiar y les pedían dinero e incluso drogas"."Hubo cuatro o cinco casos en los que tuvimos conocimiento –agregó–, siempre hubo rumores de hechos así que no fueron denunciados. En todos los casos, las víctimas y sus familias son renuentes a colaborar. Todo surge de la investigación, por lo general se niegan a reconocer que les piden droga, por ello, en los primeros momentos, cuando todavía está en curso el secuestro es cuando podemos obtener más información de las familias, después no quieren colaborar".

