Pruebas científicas fueron claves para detener al viudo
José Argüello , fiscal de Arroyito, ordenó ayer la captura de Claudio Bissone.
Desavenencias en el matrimonio. El marido que busca a un drogadicto de la ciudad para que lo ayude a matar a su mujer. Días después, ella aparece asesinada en un aparente intento de robo. Hasta que se descubre la participación del viudo y un cómplice adicto a las drogas, que son detenidos.
La historia suena cercana en el tiempo. Hace poco menos de un año, San Francisco se conmocionaba con el asesinato de Natalia Vercesi y la posterior derivación que tomó la investigación, en la que el fiscal Bernardo Alberione ordenó la detención del viudo Alejandro Bertotti.
Pero esta nota describe otro crimen, más lejano, que comenzó el frío sábado 23 de junio en la farmacia de José Vocos y General Paz, en Arroyito, también del departamento San Justo. Aquella mañana, a las 9.50, Lorena Aubán (26) fue encontrada ahorcada con una soga.
Ayer, el fiscal José Argüello ordenó la detención del viudo, Claudio Cristian Bissone (33) y lo imputó por homicidio calificado agravado por el vínculo.
La autopsia indicó que antes de ser asfixiada, la mujer sufrió fuertes golpes en la cabeza. Aunque tenía el pantalón desabrochado, no se detectaron signos de violación. Del lugar sólo desapareció la cartera, en la que estaba su celular.
Poco después, en julio de ese año, fue detenido e imputado por el crimen Jonathan Alexis Arias (hoy tiene 20 años), un joven con serios problemas de conducta y adicto a la cocaína que solía frecuentar un prostíbulo. A la regenteadora una noche le había contado su peor pesadilla, que lo carcomía desde aquel sábado. "No quería matarla, no quería", intentó explicar. "Necesito irme, prestame plata", le rogó. Ella, al otro día, fue a la fiscalía y se convirtió en una pieza clave de la investigación.
Arias sería, según lo investigado hasta ahora, quien se llevó la cartera. En el camino, le dio el celular a Alberto Flores (48), un guardia del prostíbulo. El teléfono fue vendido en la galería Norte de la ciudad de Córdoba y al poco tiempo una joven lo activó de nuevo. Esa fue otra punta que hiló las pistas.
Tras despojarse del celular, Arias habría tomado un ómnibus hacia la Capital. A poco de bajarse, sería él quien tiró la cartera robada a Aubán. Adentro se encontró un guante de albañil, que el Centro de Excelencia en Productos y Procesos de Córdoba (Ceprocor) analizó durante varios meses.
El fiscal confirmó que se había logrado una "prueba científica irrefutable como es el ADN" y que apuntaba a Bissone. Aunque se hablaba de una mancha de semen, Argüello dejó entrever que no sería esa la pericia clave. Luego, otras fuentes confirmarían que la prueba había sido el guante en la cartera.
Antes de que Arias le entregara el celular a Flores, recordó el fiscal, alguien llamó con ese aparato, en la siesta del día del crimen, a Bissone. Su actitud desde el primer momento hizo que las sospechas recayeran en él, pero Argüello decidió esperar hasta cerrar el círculo.
El mismo día del asesinato de Aubán, Bissone apareció con un corte entre las cejas. Adujo que se lo hizo al depilarse. "Desde un primer momento se investigó al marido, pero había que capturarlo con pruebas, no por el clamor popular", analizó el fiscal.
Al parecer, Aubán estaba cansada de las salidas nocturnas de su pareja, por lo que quería separarse. La noche antes del crimen, según lo investigado, Bissone fue a un asado con amigos, salida que luego extendió a un local nocturno en el que habría estado con Arias.
"El crimen es pasional, no tengo dudas", cerró Argüello.

