Película de terror con golpes, mugre y drogas
Los "pases" se consumaban en un colchón tirado en una fría pieza del prostíbulo de Río Negro.
Los "pases" se consumaban en un colchón tirado en una fría pieza del prostíbulo de Río Negro.
Por allí era común que caminaran ratas, cucarachas y alacranes. "Si tenía suerte, agarraba alguna de las habitaciones que estaban afuera del prostíbulo, que eran un poquito más limpias", apunta.
Las sábanas de las camas y colchones se cambiaban una vez por semana y las mujeres no tenían ni jabón para higienizarse entre un cliente y el próximo.
Los certificados médicos tampoco eran un problema para el proxeneta. Aunque las mujeres no se hacían ningún control, él siempre conseguía el certificado de "aptas para trabajar".
El mayor problema al tratar con los clientes era que éstos se negaban a utilizar preservativos. Cuando los usaban, la regenteadora se los descontaba de las ganancias a la mujer prostituida. Una vez, un cliente le pegó un cachetazo cuando ella le insistía para que usara protección.
En otras ocasiones, las mujeres eran llevadas a hoteles donde las esperaban clientes que no querían ser vistos en la whisquería, ya que eran personalidades reconocidas en el pueblo. "Había veces en las que me ponían droga arriba de una mesa y me decían que consumiera con ellos", acota la joven paraguaya, cuyo testimonio se parece al guión de una película de terror.

