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Ordenan expulsar del país a una joven víctima de trata

En un prostíbulo de Río Negro, a una joven paraguaya le retuvieron el DNI y no pudo regularizar su situación. Cuando logró escapar del burdel, llegó una orden de deportación.

16 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Ordenan expulsar del país a una joven víctima de trata

Había llegado desde Asunción a principios de 2007. Con algunos pesos, primero pisó Córdoba como turista, pero rápido decidió intentar echar raíces en una localidad del Gran Córdoba. En su país ya nadie la esperaba, hija de una familia diseminada. La mujer de 27 años buscó diferentes opciones y terminó en una casa lavando ropa y cuidando niños, aunque de manera inconsistente. Sus ingresos no le alcanzaban.

Para buscar una alternativa laboral más concreta tenía que tramitar sus papeles en Migraciones, pero una conocida le dijo que no lo intentara, que le iban a cobrar por lo menos tres mil pesos. "Perdí por falta de información", se reprocha. Es que el trámite costaba mucho menos, pero ella recién lo iba a saber más tarde.

En el medio, se le acercó una joven que conocía al pasar, quién la tentó con un ingreso rápido: ir a trabajar a un prostíbulo en un pueblo de Río Negro. El dueño del burdel la llamó varias veces y potenció la oferta: no menos de cinco mil pesos por mes, plena libertad para ir y venir, y una habitación con calefacción y televisor para ella sola.

La joven paraguaya aceptó. Tomó un ómnibus y viajó hacia el pueblo ubicado a poco más de 150 kilómetros de Viedma. Cuando llegó al prostíbulo en mayo del año pasado sus esperanzas se desvanecieron.

Otra realidad. "Nunca me había prostituido, pero acepté porque necesitaba esa plata, ya que yo aún creía que necesitaba mucho dinero para tramitar la visa. Pero el lugar era horrible, me habían mentido en todo, había una sola pieza para siete mujeres, ni colcha tenía. Para tener un poco de calor, teníamos que ir a un campo y traer leña", recuerda.

El dueño del burdel le pidió su documento "para empezar a tramitarle los papeles en Migraciones". Nunca lo hizo y tampoco le devolvió el DNI. "Me decía que él se quedaba con los documentos de todas porque nos lo podían robar en el prostíbulo".

Asegura que los días pasaron, los meses también, y ella no veía una moneda. "El dueño decía que le debía plata por el pasaje, y también por "multas" de tres mil pesos que me habían puesto por decir "fiolo"; me retaba por romper "códigos".

En la única pieza que dormía con las otras prostitutas (una de Misiones, otra de Entre Ríos y las restantes de Santa Fe) tenían una cocina en la que preparaban la única comida del día. Para comprar la mercadería, una de ellas era llevada por un taxista que era empleado de la whisquería, que las esperaba en la puerta del supermercado.

Sus movimientos en el pueblo estaban limitados. Muchas veces, ella salía a algún quiosco, pero eran los propios policías los que la paraban para preguntarle por qué había salido del burdel. "El dueño estaba confiado, decía que tenía a los policías y a los municipales comprados para que le avisaran antes de un allanamiento".

Más de una vez, estos municipales terminaban en la cama con alguna de las mujeres. También pasaban policías, que tomaban algún trago y pedían unos pesos para la nafta.

Más "deudas". Cuando preguntaba por sus papeles migratorios, el "fiolo" respondía que estaba "en eso". Y de paso le recordaba que sus "deudas" crecían a pasos agigantados por estas supuestas gestiones. No veía un peso, no tenía documentos y lo único que ganaba eran más "rojos" en su cuenta. Quería regresar a Córdoba, pero no tenía cómo. A pesar de que, en promedio, generaba casi mil pesos por noche.

Tampoco se podía guardar los obsequios de los clientes. Uno de ellos le regaló una notebook , pero al igual que otros presentes, todo quedaba en manos del proxeneta y su pareja.

Sus compañeras no la pasaban mejor, pero no se quejaban. Decían que sus "maridos" sí recibían dinero por ellas. Se trataba de "fiolos" que habían arreglado directamente con el dueño del prostíbulo.

Cada tanto, estos "maridos" las llevaban a otra parte. Se trata de una técnica bastante usual en el submundo de la trata de personas y que consiste en mover de manera periódica a las mujeres prostituidas para que no puedan entablar alguna relación afectiva y pedir auxilio.

"Me dijeron que durante un tiempo largo hubo una chica de 17 años que la madre se la había "entregado" al viejo (en referencia al regenteador)", agrega.

Sin papeles migratorios ni documento, su permanencia se transformó en un largo penar. Una noche se produjo un allanamiento de la Policía Federal y Migraciones de Río Negro. Aunque no tenía el DNI con ella, ningún funcionario pensó en que estaba frente a una víctima de trata. Sólo la emplazaron a regularizar su situación en un plazo de 30 días para no ser expulsada del país.

A partir de entonces, la mujer comenzó a discutir cada vez más seguido con el regenteador. Hasta que una madrugada de noviembre él le dijo que se había cansado de ella, que ya no le rendía y le tiró el documento en la cara. "Andate, total nadie te va a creer, muerta de hambre que venís a mí país para que te demos de comer", le espetó.

Tiempo después regresó a Córdoba. Recién entonces se enteró de que el trámite de Migraciones era mucho más barato de lo que pensaba. Pero cuando fue a la delegación local, encontró que a su nombre había una orden de expulsión del país expedida en Viedma.

Aturdida, cruzó la calle y se metió en el primer estudio de abogados que halló. Allí, la recibió el letrado Ezequiel Ramírez Rueda, que tras escuchar su relato presentó la semana pasada una denuncia por el delito de trata de personas en el Juzgado Federal Nº 2, de Córdoba.