Temas del día:

El muelle de las brumas

La imagen de tapa de ayer, en uno de los diarios de Trelew, es patética. Fernando López.

09 de junio de 2011 a las 12:01 a. m.
Fernando López (Escritor residente en Trelew)
El muelle de las brumas

La imagen de tapa de ayer, en uno de los diarios de Trelew, es patética. Se titula Comodoro a oscuras y parece una fotografía fuera de foco en la que apenas se ven algunos perfiles que parecen casas y edificios, sobre la que alguien se ha tomado la molestia de friccionar un lienzo para borrar la idea de ciudad. Una inmensa nube de ceniza volcánica alcanzó a Comodoro recién el martes, lo que ya había ocurrido el sábado en Bariloche y en la madrugada del domingo en Trelew, Puerto Madryn y la meseta patagónica.Uno se pregunta de dónde sale tanto polvo de sílice de color grisáceo, pues no se imagina un regreso a la normalidad del sábado pasado cuando se entera de que el volcán Hudson, que erupcionó en 1990, repartió en la Patagonia (agárrese de su asiento) ¡2.500 millones de toneladas de ceniza! O se entera de que el volcán Reclús, hace 11 mil años, abrió un cráter de siete kilómetros de diámetro en la cuenca del lago Argentino.La reacción inmediata de la gente común fue protegerse contra ese mal proveniente de las entrañas de la Tierra. Cuando aparecieron en televisión las primeras imágenes de Bariloche bajo un manto de ceniza y la advertencia de que en algún momento el fenómeno llegaría hasta la costa chubutense, se produjo una primera estampida en busca de barbijos. En media hora se habían agotado y la serenidad que vino con la resignación, en la madrugada del domingo, enseñó que una bufanda bien podía reemplazar ese adminículo. No obstante, el lunes habían reaparecido, y en algunos lugares los estaban vendiendo a 15 pesos cada uno.Otra reacción fue acumular alimentos, pero sobre todo agua mineral, ante los rumores de que en algún momento el suministro de agua corriente se interrumpiría por la gran cantidad de ceniza que arrastra el río Chubut.Por un lado, se veía a esa gente común, con los rostros cubiertos en forma permanente, arrastrar los carros del supermercado con no menos de 10 bidones de agua cada uno. Y, por otro, se veía a las empleadas del mismo supermercado escondiendo una buena cantidad de bidones para evitar quedarse sin agua ante la posibilidad de que se agote.El lunes a la mañana amaneció todo cubierto por una capa que parecía de sal gruesa, y en el aire flotaban copitos que parecían de nieve, pero no lo eran. Nos enteramos de que los aviones no llegan a Trelew ni salen de la ciudad, y del efecto abrasivo de la ceniza sobre el fuselaje y las turbinas de los aviones.El martes llovió y el polvillo se aplacó por unas horas, pero luego vino una brisa leve que secó el agua y volvió a levantar el polvillo. El transporte público que cubre los recorridos por la meseta se paralizó, por la nula visibilidad en las rutas. En alguna radio se dice que en las zonas más afectadas deben barrerse los techos, porque si llueve, la ceniza acumulada se convierte en cemento y el peso produce derrumbes.Se recomienda no fregar los ojos sino lavarlos con agua, sonarse la nariz y dejar que las lágrimas fluyan, porque favorecen la limpieza. Se especula con cómo nos vamos a bañar cuando corten el agua.Escuchamos que el sílice volcánico es conductor de electricidad y que en algunos pueblos de la meseta se han producido cortocircuitos que los dejaron sin luz.Nos preguntamos cuándo volverá la normalidad, pero nadie se atreve a responder. Y la foto de contratapa, con la imagen del día del mismo diario trelewense, se titula Fondo blanco y nos recuerda a una novela de Georges Simenon: en primer plano hay una mujer sentada en la arena y al fondo, el muelle de los pescadores, que apenas se entrevé cubierto por una bruma espesa, pero esta vez de ceniza.