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Mochilas de escolares para trasladar droga

En diferentes sectores de la ciudad de Córdoba, los delincuentes utilizan a los más chicos para llevar estupefacientes y armas de un lugar a otro. De esta manera, burlan los controles policiales. También camuflan a los "dealers" como "deliverys" de comida rápida.

14 de abril de 2013 a las 12:02 a. m.
Mochilas de escolares para trasladar droga
Una clásica imagen en Córdoba para “informar” que en el sector se vende droga al menudeo (Ramiro Pereyra/Archivo).

La noticia llegó, retumbó y se fue. Una niña de 11 años llevó un revólver al colegio. Ocurrió en un barrio de la zona sudeste de la ciudad de Córdoba en abril del año pasado. Los propios compañeros de la pequeña avisaron a las autoridades y un policía de civil secuestró el arma, un revólver calibre 32 que “estaba en perfectas condiciones de uso”, según se supo en aquel momento.

La chica no supo explicar qué hacía con el arma. Tampoco la Policía y los directivos de la escuela encontraron respuestas.

Sin embargo, vecinos de barrios embravecidos a causa de los tiros y la droga a toda hora no se mostraron sorprendidos. “Eso que pasó es común, son los padres o los hermanos más grandes de estos chicos que usan las mochilas de ellos para llevar armas o drogas de un lugar a otro”, explicó una mujer que conoce de sobra cómo se manejan los traficantes al menudeo que pululan cerca de su casa.

Según describió, para evitar los controles policiales, estas personas, que de manera usual circulan en motos, llevan a los pequeños en edad escolar con ellos. En las mochilas, ponen paquetes con cocaína o marihuana, o armas de fuego. Sin son detenidos por la Policía, dirán que llevan a lo niños a la escuela y, según ha ocurrido hasta ahora, a ningún efectivo se le ocurrirá el despropósito de revisar el bolso de un nene que va al colegio. “A esto acá (por la zona en que vive) lo sabe todo el mundo, hace rato que lo hacen”, agregó un hombre vecino de un barrio donde es común la venta de droga al menudeo.

Comida rápida. Otra modalidad que utilizan los traficantes de droga para transportar estupefacientes de un extremo a otro de la ciudad es camuflar a los dealers (proveedores) como deliverys de comida rápida. Sin embargo, en la caja de atrás de la moto, más que comida llevan cocaína, marihuana y hasta armas de fuego.

Hace un tiempo, un joven que había ido a bailar a un reconocido boliche de la zona norte estaba descansando en su auto, en el estacionamiento, mientras esperaba que salieran sus amigos. Fue entonces que observó cómo un supuesto delivery llegaba y era atendido por unos empleados del lugar que, por lo general, ayudan a acomodar los autos. "Sacó una caja que parecía de lomito o de media pizza, pero la abrieron y adentro había varias bochitas blancas", observó.

Ocho "quioscos". Las modalidades que han adoptado los traficantes más expuestos, aquellos que venden y trasladan al menudeo, son variadas en la ciudad de Córdoba.

Además de aquellos que llevan la droga de un punto a otro en moto, lo más común de encontrar en los barrios cordobeses son los “quioscos” de estupefacientes. Algunos se toman el tiempo para fraguar una fachada que permita creer que allí funciona de verdad una despensa, pero los más ni pierden tiempo en esto. Ponen un cartel en la puerta, que dice “quiosco”, “helados” o “bebidas” y a través de la ventana sólo pasan cocaína, pastillas o “porros”.

“Hay veces que allanamos un quiosco y encontramos que sólo tienen dos cocas, nadie va ahí a preguntar por alguna mercadería legal”, describió un efectivo de Drogas Peligrosas de la Policía de Córdoba. Y agregó: “Resulta que parece que estuvieran en la miseria, porque en el quiosco no tienen nada, pero los ves que se mueven en grandes autos y tienen un nivel de vida elevado”.

Sin embargo, no todos los que venden drogas a través de la ventana de su casa viven con holgura. En Villa Siburu, al norte de la ciudad de Córdoba, por caso, los vecinos cuentan cómo se acostumbraron a sobrevivir, en los últimos años, entre tiros y “quioscos” de droga, como en otras oportunidades ya han relatado a este diario personas que habitan en distintos sectores de la Capital.

“Hay chicos que desde los 13 años ya andan con armas”, apuntó un hombre que desde hace años camina por el barrio. “Acá entra la Policía, pero siempre antes de que lleguen, uno ve cómo los que venden empiezan a pasar la droga hacia otra parte”, agregó.

“Quien trae (los estupefacientes) se mueve en una Traffic blanca, de ahí bajan cajas de plástico, ingresan en las casas y a los minutos salen con la misma caja. Calculo que adentro las vacían. A los dos o tres días, la Traffic vuelve pero no baja ninguna caja, seguro que va a cobrar lo que antes dejó”, describió el informante.

“Lo que se dice, un ‘fiado’. Total, el que no paga sabe que sufrirá una violenta consecuencia”, completó.

Junto a otros vecinos del barrio, aseguró que en un radio de tres manzanas han contado ocho “quioscos”. En la mayoría, los que allí viven son tan humildes como el resto de los residentes del sector. “Vemos –continuaron diciendo– que van chicos muy pequeños a comprar la droga, vos los encontrás después en la calle, a cualquier hora, y balbucean, como que no coordinan”.

Sin códigos. Las adicciones rompieron con un código no escrito en los barrios de Córdoba, el que mandaba a no robar a los habitantes del mismo sector.

Hoy, las mujeres salen a comprar el pan o lo que necesiten con el dinero en el bolsillo, sin carteras ni bolsas. “Te arrebatan o roban y ahí nomás se van al ‘quiosco’, es muy feo lo que se ve”, sintetizaron.

En los últimos tiempos, también comenzaron a ser más virulentos los problemas entre los mayores. “Se disparan por cualquier cosa, el otro día discutieron jugando al fútbol y ahí nomás uno le tiró a otro; además, hay muchos que están saliendo de la cárcel y se agarran a balazos para intentar ganar terreno de nuevo”, contaron.

En otro extremo de la ciudad, en la zona de Villa Posse, 1º de Mayo, Villa Boedo, Villa Bustos y Ciudad Evita, al sudeste capitalino, los arrebatos, robos de moto y tiros también ya son habituales.

“Los que salen temprano a trabajar no saben cómo llevar las cosas para que no les roben; después, a los chicos los ves todo el día en la esquina, tomando alcohol con pastillas”, aseguró otro vecino cansado de la situación. “La casa –agregó– nunca queda sola, nos cuidamos entre todos, porque si no, cuando volvés te encontrás con que no te dejaron nada”.

Las armas al alcance de cualquiera es un ingrediente clave de este cóctel violento. “Ahora hay muchas venganzas entre las barras, se tirotean de una manzana contra otra, o de un barrio con otro, antes no se veía eso...”, relató una vecina al contar cómo es resignarse a los balazos y a la droga.

En detalle

Táctica I. Cuando van en motocicleta, los narcotraficantes trasladan la droga en las mochilas de los chicos para evitar ser detectados en los controles policiales. En las mochilas ponen paquetes con cocaína o marihuana y hasta armas de fuego.

Táctica II. Otra modalidad que utilizan los traficantes de droga para transportar estupefacientes de un extremo a otro de la ciudad es camuflar a los dealers (proveedores) como deliverys de comida rápida. Sin embargo, en la caja de atrás de la moto, más que comida llevan cocaína, marihuana y hasta armas de fuego.