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Mayores penas no mitigan la pena

Ya nada devolverá la vida del pequeño Isidro. Francisco Panero.

06 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Mayores penas no mitigan la pena

Ya nada devolverá la vida del pequeño Isidro. La ira, el pedido de penas mayores, el afán de venganza a los victimarios no servirán para que el bebé vuelva a su hogar, ni para evitar que la tragedia se repita. Huelga repetirlo, pero el endurecimiento de condenas o la pena de muerte –estadísticamente comprobado– no redunda en una disminución de los índices delictivos. El potencial criminal, antes del hecho, no se detiene a pensar que será descubierto y mucho menos penado.

Quienes piden sanciones ejemplares o lo peor para quienes les arrebataron su ser querido, lo hacen desde el dolor irremediable. Se supone que el legislador debe abordar un proyecto desde otro estado de ánimo, más objetivo, equilibrado, que analice otros aspectos. El espíritu que lo mueve debe estar alejado de la emoción. Se trata de la ley, un estadio mucho más elevado que el de la primitiva venganza.

Ser familiar de una víctima no legitima para pedir penas. No hacen falta muestras, pero la movida de Juan Carlos Blumberg (que perdió un hijo) culminó en iniciativas legales que endurecieron las penas perpetuas de manera drástica. Hoy, cuando en más de un estrado se discute la constitucionalidad de ese paquete legal, resultaría vano pedir más pena.

En lugar de la venganza, el dolor del familiar puede elaborarse de mejor manera. Además de penas altas, uno de los tíos del bebé reclamó medidas de seguridad en los bancos. Nada devolverá al niño a la vida, pero sus familiares (y la sociedad) pueden hacer mucho para que no haya otros Isidros. No son pocos los que encauzan su dolor hacia iniciativas que tratan de evitar nuevas tragedias. Hay asociaciones que se dedican a mejorar la prevención, a ayudar a nuevas víctimas, a asesorar, a evitar abusos. Luchemos por la Vida, con los homicidios en las rutas, es uno de esos ejemplos.

En lugar de (sólo) actuar sobre quienes ya cometieron el delito, pidiendo sanciones más allá de la ley, el dolor cobra sentido en iniciativas más efectivas cuando se actúa sobre el colectivo, sobre el cuerpo social. El mismo que todos integramos y el mismo de donde salen los delincuentes.