Temas del día:

El marido se enteró del deceso cuando lo liberaron

Ayer a las 18, seguramente Daniel Alberto Barrionuevo todavía no alcanzaba a asimilar lo que había pasado.

06 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
El marido se enteró del deceso cuando lo liberaron

Ayer a las 18, seguramente Daniel Alberto Barrionuevo todavía no alcanzaba a asimilar lo que había pasado.

A esa hora acababa de enterarse de que su mujer ya no estaba, que había muerto a las 2 de la mañana. Recién cuando lo liberaron, a la siesta, una de sus familiares le dijo en la puerta de la comisaría que Sandra había fallecido por el problema gástrico que él tanto había bregado para que le den atención. “En la 11ª me dieron las pertenencias, pero no me dijeron nada. Yo no sabía nada. Pensé que (lo que le sucedía a ella) era algo que se podría solucionar, no que iba a pasar esto”. Pese a lo sucedido, Daniel contaba los hechos con serenidad. El trabajador de una automotriz relató igual que sus familiares lo que había hecho la Policía en la parte delantera de la vivienda. “Sólo toqué a un policía porque quería rescatar a mi sobrinita”, recordó. Luego lo tomaron de atrás y allí apareció su esposa a la que apartaron de un golpe en el abdomen, según todos cuentan en la casa. Recién minutos más tarde se emocionó y se quebró cuando acompañaba al fotógrafo de este diario para mostrar los daños que los policías habían dejado en la casa. Una puerta doble pateada, con marca de borceguí y todo, varios vidrios rotos y numerosos objetos destruidos en el interior, eran parte de los destrozos. La noticia de la muerte de Sandra ya se conocía en Tribunales II ayer a media mañana y pronto se difundió por Universidad 580 y por LaVoz.com.ar. Sin embargo, como muestra de maltrato, a nadie se le ocurrió contarle a Daniel que su mujer había muerto esa madrugada. Una vez que se conoció el deceso, comenzaron las gestiones para liberarlo y que pudiera ir al velorio, según dijeron. A la siesta, cuando salió de la comisaría, le dieron la mala noticia. “Lo peor es que no estuve con ella”, dijo apenado. Sandra lo deja con tres hijos, de 17, 15 y 5 años. Vive en una pieza al fondo de esa larga casa con habitaciones alineadas en un largo sinfín de historias urbanas. La de él y de sus hijos tiene este escollo que les será difícil de superar.