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Madre de Nicolás pide apoyo a Cristina

Rosa denuncia graves falencias en la investigación. Se están por cumplir tres años de la desaparición de su hijo y los únicos sospechosos están en libertad.

18 de agosto de 2011 a las 06:01 a. m.
Denise Audrito (Corresponsalía)
Madre de Nicolás pide apoyo a Cristina

Río Cuarto. Rosa Sabena tiene grabado a fuego, palabra por palabra, todo lo que figura en el expediente judicial por la desaparición de su hijo Nicolás. Se transformó en una investigadora más, capaz de denunciar desde la mafia de la droga hasta a policías por supuesta connivencia con los imputados.

El dolor y la desesperación por la verdad la llevará mañana a los despachos del Gobierno nacional, donde espera obtener respaldo para evitar que este caso quede impune. En septiembre se van a cumplir tres años de la desaparición del joven. Aunque por su retraso madurativo parecía menor, Nicolás Sabena tenía 21 años cuando se fue de su casa, por una discusión familiar. Por mensajitos de celular seguía comunicado con su hermano, el último integrante de la familia que lo vio, le alcanzó la ropa, y hasta el frasco con su colección de canicas de las que "Nico" nunca se quería despegar. "Esas canicas fueron halladas en la casa de la nieta del principal sospechoso: Vargas Parra. Esa prueba secuestrada ni siquiera figuraba en el expediente que le pasaron al fiscal Jorge Medina", comienza a denunciar la mamá. Está probado que Nicolás Sabena estuvo en la quinta de los Vargas Parra, una familia vinculada con la delincuencia y la droga. Juan Francisco Vargas Parra (67), su esposa Adelina Flores (51) y sus hijos Lucía (31) y José (alias Yaca, por otra parte ya condenado por un robo) están imputados y fueron detenidos como supuestos autores del secuestro de Nicolás (con posible resultado mortal). Pero recuperaron la libertad porque se interpretó que no entorpecerán la investigación ni se fugarán. Para Rosa, para el fiscal Jorge Medina (quien ordenó las detenciones) y hasta para un agente encubierto de la Federal que colaboró, Nicolás era usado como "delivery de droga" por los Vargas. Una hipótesis dice que faltó dinero –que habría sacado la hija de Vargas–, y que lo culparon a él, por lo que se armó una discusión y terminó acuchillado. Habría sido descuartizado (porque en el campo fabricaban harina de hueso y alimento para animales) y parte de sus restos enterrados, primero en ese mismo campo, y luego trasladados en el auto de Vargas (según rastros de odorología forense) a otro predio, nunca ubicado. Perros y sobreaviso. Con documentos en mano, Rosa Sabena enumera falencias de la investigación que, a su juicio, explican por qué el caso no está esclarecido. La mamá ha comprobado, en el entrecruzamiento de llamadas, que el 22 de septiembre del 2008, investigadores les comunican a los sospechosos que les iban a realizar un allanamiento. Al día siguiente, les avisan una hora antes de realizar un rastrillaje en la quinta. El 3 de noviembre del 2008, Vargas habla al celular particular de una de las investigadoras. El 6 del mismo mes, la vuelve a llamar.El 18, la hija del sospechoso, Lucía Vargas, habla al móvil particular del oficial Gustavo Oyarzábal (quien estaba a cargo de la investigación de las llamadas telefónicas). Ese mismo día se presenta espontáneamente en la Policía y admite que es suyo el número del último teléfono que se comunicó con el de Nicolás, el 14 de septiembre del 2008 a las 19.49.Todos los miembros de la familia Vargas habían desconocido ese número y declarado que Nicolás se retiró de su casa esa tarde, a las 18, y que nunca más lo vieron.Rosa también descubrió que el 4 de diciembre el policía Oyarzábal –quien está siendo investigado por el fiscal Rubén Moine por estos hechos– llamó desde su propio teléfono celular a Vargas. Justo ese día, el comisario Della Mea había dejado sentado en el expediente que "toda la línea investigativa conduce a la finca de Vargas"; el fiscal de la causa había programado un nuevo allanamiento y solicitado a Gendarmería un perro adiestrado en la búsqueda de personas.Los investigadores cuestionados argumentan que le avisaban a Vargas antes de los allanamientos "para que el hombre encierre a los perros bravos que cría en su quinta". Pero Rosa Sabena no cree que ese sea el motivo y señala que, el 29 de diciembre del 2008, también le avisaron al sospechoso de un allanamiento que se había realizado en otro lugar: una tapera de su propiedad, junto al río.