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Los mineros, de víctimas a héroes

Se cumple un mes hoy desde que los 33 obreros quedaron atrapados en el yacimiento San José, en el desierto de Atacama. El 
gobierno chileno juega una carta muy fuerte en su salvataje.

05 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Los mineros, de víctimas a héroes
Campamento “Esperanza”, donde conviven familiares, funcionarios y periodistas (Darío Galiano / La Voz).

"La fe mueve montañas. Fuerza mineros". El cartel prolijamente elaborado se encuentra en la entrada del campamento "Esperanza", una suerte de feria de la ilusión instalado en la entrada de la mina San José, ubicada en pleno desierto de Atacama, a 40 kilómetros de la ciudad de Copiapó, la cabecera de la tercera región de Chile. Desde hace un mes, 33 mineros (32 chilenos y un boliviano) se encuentran atrapados a 700 metros bajo tierra, luego de que el jueves 5 de agosto, a las 14, un desmoronamiento taponara la única vía de salida que tenía la mina de cobre.El cartel es uno de los tantos que se mandó a realizar en una fábrica especial luego de que el domingo 21 de agosto la sonda "la mano de Dios" fuera atrapada por los mineros, que se aferraron a ella para dar el mensaje que casi nadie esperaba: "Estamos bien en el refugio. Los 33".Hasta entonces, la vigilia de los familiares de los obreros había ido pasando por distintos estados de ánimo. El mismo 5 de agosto fueron llegando de a uno al estacionamiento de la mina, desde donde ya no se movieron más. Se habían enterado del derrumbe recién a la noche y por canales informales.En la mina convivían con los movileros de los medios trasandinos, que no llevaban buenas noticias, ya que insistían, de acuerdo a los partes que suministraban los rescatistas, que no había demasiadas esperanzas de sobrevida.Por eso, ellos casi no hablaban con la prensa, hasta que comprendieron que había que aliarse con ella para lograr que la búsqueda no se suspendiera y se dejaran 33 lápidas en la cima del cerro, como ya sugerían algunos rescatistas. Fue entonces que las mujeres comenzaron a aparecer todos los días en las pantallas de cada casa, denunciando que a los mineros se los iba a dejar morir. Reflejos. Rápido de reflejos, a las pocas horas del derrumbe, el presidente Sebastián Piñera, que estaba de viaje por Ecuador y Colombia, le ordenó al ministro de Minería Laurence Golborne que abandonara todo y se pusiera al frente de las operaciones del rescate. La movida política no pudo salir mejor. Golborne fue el que dio la directiva de que la búsqueda no se suspendiera, pese a que eran insistentes los reclamos para darla por terminada (a las 48 horas del derrumbe, un nuevo desmoronamiento había taponado una chimenea por la que se pensaba rastrearlos).Cuando la tercera sonda que se envió al estómago del cerro en busca de un latido se topó con el calor humano, Piñera supo de inmediato que tenía una oportunidad impensada de calmar las olas de críticas que se habían levantado en el sur del país por el retraso de la reconstrucción tras el terremoto que azotó a buena parte de Chile en febrero pasado.Cristian Contreras (30), hermano del minero Víctor Zamora, asegura que un amigo rescatista le avisó a las 6.30 del domingo 21 que la sonda había encontrado vida. "Me llamó lagrimeando y yo no sabía qué pasaba, pero como el güey lloraba yo también me eché a llorar", relata aún conmovido. Sin embargo, el anuncio oficial recién se hizo cerca de las 15, tras el arribo del presidente a la mina.A partir de ese momento todo cambió. Un aluvión de periodistas extranjeros viajó a Copiapó trocando la fisonomía del campamento. "Para nosotros que haya 33 muertos en América latina no era noticia, pero que estuvieran vivos, sí", se sinceró un movilero francés. Como una "feria". El domingo pasado, a una semana de conocerse que los 33 estaban bien en el refugio, el panorama en la mina era difícil de explicar. "Pepe", fotógrafo de un diario local, se acercaba a cada periodista con cara de extranjero y le contaba que él tenía imágenes exclusivas, intentando encontrar algún comprador. Cerca suyo, un grupo de payasos divertía a los hijos de los mineros, mientras las mujeres relataban una y otra vez qué les decían, a través de una sonda de comunicación, sus maridos enterrados en el cerro. El ministro Golborne –cuya imagen positiva saltó a un 67 por ciento y alcanzó un récord de 91 por ciento de respaldo ciudadano– caminaba por la mina pegado a un camarógrafo personal que le ordenaba saludar a los familiares con sonrisa de pasta dentífrica. También creció en la red social Twitter, con más de 32 mil seguidores.A la siesta, el aroma a feria captó la atención. A las 15.15, un grupo de jóvenes de la "Sociedad Religiosa Indio Padre Negro" arribó con bombos, trompetas y bailarinas, llevando una estatua del patrono de los mineros de Atacama, San Lorenzo (paradoja: el nombre el ministro de Minería, Laurence, significa "Lorenzo" en inglés). Fueron dos horas ininterrumpidas de música, mientras palabras como "héroes" o "ejemplo de la patria" se colaban en cada verso. En tanto, llegó un contingente de hombres y mujeres adultas, ellos vestidos como gauchos y ellas como "chinas".En medio del bullicio, sindicalistas intentaban captar la atención de los periodistas, que a esa altura no sabían para dónde enfocar. "Acá se está haciendo un 'reality' pero no se está yendo a los temas de fondo, como la higiene y seguridad de los trabajadores, la mayoría de los cuales están subcontratados", denunció a este diario el presidente de la Confederación de Trabajadores del Cobre, Cristian Cuevas.A las 18, el obispo local dio una misa en el campamento, que cerró con una chica de unos 16 años cantando a capella en honor a los mineros, tema en el que se repetían palabras como "fuerza", "Chile" y "mañana habrá un nuevo amanecer".Medio kilómetro antes del ingreso de la mina, un puesto fijo de carabineros intenta "filtrar" a los curiosos. Desde que se conoció que estaban todos vivos, el "paseo" a la mina pasó a ser una salida familiar –pese a que para llegar hasta allí hay que hacer más de 30 kilómetros por un camino en medio del desierto–.Mientras tanto, los técnicos piensan todos los días cómo van a rescatar a los mineros, en una operación que no conoce antecedentes en todo el mundo.