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La fiscal lo acusa, la familia lo defiende

Daniel Mercado primero fue imputado por incendiar su casa y querer apuñalar a su mujer. Luego, lo sobreseyeron porque "no podía entender lo que hacía".

24 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La fiscal lo acusa, la familia lo defiende

Tres personas se desploman después de tomar una bebida con soporíferos. Una de las mujeres, semidesvanecida, es arrastrada al baño y recibe una puñalada en el cuello. Alguien incendia la casa con los mayores y tres niños adentro. El esposo de la joven apuñalada es detenido. El cuñado, de origen colombiano, al parecer contemplaba el incendio desde la vereda. Una semana después, este hombre se suicida. Estos son los condimentos de una historia de múltiples aristas, registrada en una vivienda de barrio San Vicente, en la ciudad de Córdoba, el último fin de semana de septiembre pasado. Hay indicios que ponen en duda la decisión de una fiscal que imputó a Daniel Alejandro Mercado (36). Y cuando el juez de Control, a pedido de la defensa, reclamó el expediente, pidió su sobreseimiento porque estaba borracho y no entendía la criminalidad de sus actos. Hoy, el hombre, que desde entonces no presentó signos de abstinencia (quizá porque no es alcohólico), permanece internado en el Instituto Provincial del Alcoholismo y la Drogadicción (Ipad) y no puede atender a sus clientes como técnico en refrigeración."No damos más. Estamos en la casa de mi suegra, pero ella no nos puede seguir ayudando, porque su único ingreso es una jubilación. Esto nació de una mentira urdida por un policía (en alusión al oficial subinspector Walter Jesús Morelli) basándose en dichos de mi cuñado Rubén Cárdenas (39), que le habría dicho que habíamos discutido con Daniel y que lo vio apoyando un cuchillo en mi cuello. Encima, declaró que mi esposo me maltrataba. Después cambió sus testimonios, una y otra vez. Negó todo. Sin embargo, la fiscal Mercedes Ballestrini le creyó a él, que una semana después se suicidó por remordimiento y temor de ir preso". La joven peruana Natalia Asalde (34) no puede dar crédito a la pesadilla que vive.A horas del grave suceso, cuando aún persistían los efectos de la benzodiacepina introducida en un vaso de ferné con coca, aparentemente preparado por el colombiano Cárdenas, la mujer sostuvo que su marido estaba dormido al lado suyo después de haber consumido el mismo brebaje y sintió que alguien la arrastraba.Mientras muestra los dos puntos de sutura y los rastros del puntazo superficial que recibió, Natalia no tiene dudas en señalar a su cuñado como el autor de todo lo ocurrido, e incluso de haber intentado violarla. "Me dormí profundamente. Sentí que alguien me levantaba. Como que alguien me jalaba, me manoseaba, me decía algo en la oreja: 'Dejate, dejate, no seas zonza'. Esa expresión no era de mi marido; era de mi cuñado. Daniel seguía tendido en la cama. Estaba drogada; no sé cómo llegué al baño. Desde el baño, no recuerdo nada, no vi nada del incendio; me desperté en el Hospital Córdoba", cuenta la mujer. Su relato coincide con lo declarado en el expediente. Misterio. Para tratar de desenmarañar el misterio que rodea al caso, habría que retroceder unas horas desde la una de la madrugada del domingo 26 de septiembre, cuando se desató el incendio en el domicilio de calle Argandoña 2993. En esa casa (hoy deshabitada a causa del siniestro), vivían Daniel, Natalia y sus tres hijos: Tomás (7), Luna (no llega a 3) y Máximo (casi 2). Ese sábado se desató una feroz tormenta de lluvia y piedra. El agua ingresó a la vivienda de los Mercado e inundó varios ambientes. Eran las 18 cuando llegaron María, la hermana de Natalia, y su esposo, el colombiano Cárdenas. Daniel, con la colaboración de un ayudante que trabaja para él en el negocio de refrigeración, estaba instalando un placard en la habitación matrimonial.Los visitantes colaboraron con Natalia para sacar el agua. La mujer cuenta que cuando el problema estaba superado y el ayudante ya se había retirado, Daniel se puso a jugar con un videojuego en la computadora del garaje junto con su cuñado. Las mujeres iban a preparar unas pizzas para la noche. "Voy a preparar unos tragos", habría dicho el colombiano, tras lo cual se trasladó a la cocina. Siempre según lo comentado por Natalia, cuando Cárdenas manipulaba una botella de ferné ingresó Tomás, y el tío le dijo que se fuera, porque se trataba de una cuestión de personas mayores. El chico se fue a su pieza a jugar con sus hermanitos.El relato continúa. Después de dos sorbos, María le dijo a su hermana que se sentía mareada, que tenía sueño. "A mí me pasa lo mismo", respondió Natalia. "Andá a acostarte a la habitación de los chicos; yo me voy a mi cama", propuso Natalia. No habrán pasado cuatro o cinco minutos, cuando Daniel entró a la pieza y se desplomó al lado de su mujer. Ella le preguntó qué le pasaba, pero el hombre ya estaba dormido.Después vendría, según Natalia, el ataque a ella y el incendio de la casa. El informe de Bomberos sostiene que el fuego se inició en la habitación matrimonial. Que hubo tres focos a llama libre en el ambiente.Ahí mismo comenzaron, dice Natalia, las contradicciones de su cuñado: "Yo vi a Luna con un encendedor", comentó, sugiriendo que la nena, que aún no cumplió los 3 años, hubiera provocado el siniestro. Bajo sospecha. Para Natalia, lo más extraño del caso es que Rubén Cárdenas no se convirtió en sospechoso pese a haber mentido de entrada respecto de la autoría del incendio. Encima, agrega, Tomás se despertó al sentir la espalda caliente (estaba durmiendo contra la pared de la habitación que se quemaba) y al levantarse vio a su tío con un trapo con alcohol apoyándolo sobre la boca de su tía. Hubo medios que sostuvieron, y hasta hoy siguen sosteniendo (con base en la versión dada por la Policía), que el colombiano rescató a los niños del incendio. "Nada más alejado de la realidad", sostiene Natalia. Cárdenas fue el primero en salir de la casa en llamas y se quedó mirando, sin reaccionar ante nada. Tomás salió por sus propios medios y a los gritos pedía que ayudara a su mamá y a sus hermanos. En esas circunstancias, apareció en escena el oficial Morelli, quien declaró que el niño gritaba que su papá había cortado a su mamá con un cuchillo. Nadie más escuchó esa acusación, a pesar de que había numerosos vecinos en la vereda y de que una vecina retiró al niño y lo llevó a una casa de la cuadra.Las contradicciones en el expediente no son pocas. El policía Morelli declaró que a través de la terraza de un vecino pudo acceder a la de la vivienda incendiada y rescatar a una mujer y los otros dos niños. "Es un mentiroso", coinciden Natalia y su suegra, Yolanda Castro de Mercado. "Es imposible que pudiera entrar a nuestra terraza, porque está enrejada y estaba con llaves", aclara Natalia.Yolanda está indignada por el tratamiento de la noticia por parte de algunos medios y no puede olvidar el lunes 27, cuando "el comisario de la 16ª, a quien el día antes le había tocado la guardia de la Comisaría 5ª, salió a decir por la radio que Daniel había intentado escapar y que tuvieron que correrlo tres o cuatro cuadras para reducirlo y detenerlo". En el expediente esa versión es inexistente. Daniel Mercado fue detenido cuando estaba "perdido" frente a su casa, identificándose como el jefe de la familia, a instancias de Morelli.Las entrevistadas señalan que el oficial (quien dijo que acudió al lugar al escuchar varias explosiones, algo que tampoco habría sucedido) no rescató a nadie. En su declaración testimonial, el bombero Luciano Martínez dice que cuando ingresó a la vivienda, "la primera persona en socorrer fue a Asalde Natalia, que su compañero de trabajo procede a socorrer a un sujeto masculino que dijo llamarse Mercado Daniel y un menor hijo de este último; luego se procede a extraer del interior de la vivienda al resto de los moradores". Indicios. Para las mujeres, hay indicios más que suficientes para demostrar que el colombiano fue el autor del incendio: fue la persona que primero abandonó la casa; era el único que estaba vestido y con zapatos; el resto estaba con ropas de cama y descalzos. Además, fue el único que presentó quemaduras en orejas y un brazo. Tomás, el chico de 7 años que despertó por el calor y presuntamente frustró sus planes, lo vio con trapos empapados en alcohol, y en el hospital advirtieron que emanaba olor a alcohol.