Iban a Chile pero terminaron en Bouwer
Mañana comienza el juicio contra dos mujeres búlgaras detenidas en el Aeropuerto Córdoba. Están acusadas de llevar 6,5 kilos de cocaína impregnada en ropas.
Las dos mujeres rubias y hermosas ingresaron apuradas al hall del Aeropuerto Internacional Córdoba "Ingeniero Ambrosio Taravella". La mayor arrastraba dos valijas negras, su compañera una marrón con franjas naranja y otra más pequeña color negra. Eran las 16.20 del viernes 17 de septiembre de 2010. Llegaron con la respiración agitada a la ventanilla de la empresa LAN Chile. Mostraron sus pasajes para el vuelo LA 943 y no hubo tiempo para poner los "marbetes" en los equipajes. El encargado se limitó a poner unos papeles con datos manuscritos pero, cuando las amigas se dirigían hacia el avión que las llevaría a Santiago de Chile, fueron interceptadas por René Cardeilhac, jefe de Seguridad. El arribo de las mujeres en horario límite despertó las sospechas del funcionario que las trasladó hasta la sala Scan Van (control de equipajes mediante escáner), donde Alejandro Almirón y María del Carmen Toledo, ambos de la Policía Aeroportuaria, notaron que la imagen de las valijas, al pasar por el aparato de rayos X, presentaba "ciertas anormalidades". Eran de color naranja oscuro, lo que les llevó a pensar que podría tratarse de estupefacientes, en especial cocaína, por lo que recomendaron la apertura de los equipajes.Al abrir la primera valija, la más grande, de color negro, notaron que las prendas estaban aún húmedas, como si las hubieran lavado, escurrido y guardado sin secar. A esa "rareza" se agregó un fuerte olor a sustancias químicas. Frente a tan extraña situación, el personal de la Aeroportuaria realizó una prueba de campo con reactivos, constatando que las ropas estaban impregnadas con clorhidrato de cocaína. Lo mismo sucedió con la valija negra y con la marrón. El saldo de la requisa fueron casi 6,5 kilos de cocaína. Ni una palabra. Lo que también llamó la atención de los oficiales aeroportuarios fue que las mujeres no hablaban una palabra en castellano y se manejaban con gestos para hacerse entender. Las turistas, acusadas de narcotraficantes, son búlgaras. Según los pasaportes se llaman Tsventanka Andreeva Islavieva (43), domiciliada en calle General Stoletov 25 de la ciudad de Montana, y Kameliya Yordanova Kiradzhiyska (26), con domicilio en calle Transkipot, casa N° 6, de la ciudad de Sofía. Lo primero que les habría aconsejado un abogado a las sorprendidas europeas habría sido negar que las valijas les pertenecían, ya que iban a ser embarcadas sin los correspondientes "marbetes". Por eso, el primer error de las mujeres al ser detenidas fue pedir que les dejaran sacar ropas de sus equipajes, de lo que quedó constancia en el expediente. Encima, los testigos civiles convocados por los policías aeroportuarios declararon que las dos valijas negras eran de la mayor de las búlgaras y las más pequeñas de su acompañante.Las búlgaras fueron puestas a disposición de la Justicia Federal y la instrucción estuvo a cargo de la fiscal Graciela López de Filoñuk quien, con la solidez de la prueba recolectada no demoró en solicitar la elevación de la causa a juicio.Hasta el momento las detenidas han permanecido "mudas". Al rehusarse a declarar no se ha podido establecer cuál era el lugar de entrega de los casi 6,5 kilos de cocaína porque el destino final del vuelo LA 943 era Santiago de Chile. Tampoco se sabe si la droga arribó a Córdoba desde Colombia o Bolivia o si se elaboró en esta ciudad, consideraba la segunda "cocina" de pasta base del país.Islavieva y Kameliya permanecen alojadas en la cárcel de mujeres en el complejo carcelario de Bouwer y son unas de las más de 60 personas extranjeras que están detenidas, ya sea bajo proceso o condenas en vinculación con causas por tráfico de estupefacientes. En la actualidad, una de ellas mantiene relaciones con un pandillero de origen letón que cumple condena por traficar cocaína.La causa recayó en el Tribunal Oral Federal N° 1, integrado por Jaime Díaz Gavier, José Vicente Muscará y Carlos Ochoa. El fiscal del tribunal, Maximiliano Hairabedian, ya anunció a este diario que ante la imposibilidad de comunicación con las imputadas será necesaria la intervención de un traductor. Como en la ciudad de Córdoba no hay ninguno, el intérprete vendrá de Buenos Aires.El juicio contra las búlgaras, acusadas de contrabando de estupefacientes en grado de tentativa en calidad de coautoras, tendrá lugar en la sala de audiencias del edificio de Tribunales Federales.

