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Cuando no hay cadáver, pero la pesquisa sobra

Siempre se mostró confiado de que, sin cadáver ni el supuesto revólver homicida, no podían cercarlo y condenarlo. Claudio Gleser.

15 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Cuando no hay cadáver, pero la pesquisa sobra

Frío. Parco. Siempre negó todo y no quiso hablar. Siempre se mostró confiado de que, sin cadáver ni el supuesto revólver homicida, no podían cercarlo y condenarlo. Se sentía impune. El ejecutor de un crimen perfecto. Aquella ley no escrita en varios tribunales de que sin cuerpo no hay delito le hacía creer que podía zafar de la cárcel por el fratricidio que había cometido. Por todo eso, Egilio Ariel Vera estaba tranquilo, en el banquillo de los acusados, por lo que le pasó a su hermano Miguel en aquel lejano 2001 en Cerro Norte, un poblado del norte cordobés. Sin embargo, el viernes pasado, en la Cámara 3ª del Crimen de Córdoba, algo impensado sucedió. Un anciano de esa zona, al que llaman "Criollito", declaró lo poco que conocía del caso. Sin embargo, cuando se iba de la sala, abrazó al acusado. "Quedate tranquilo Ariel, voy a cuidar de tu hijo. Yo siempre te quise a vos y a tu hermano", le dijo. Fue entonces que el acusado se quebró y lloró como un chico. Ayer, reanudado el juicio, Ariel confesó haber matado a su hermano mayor. En las próximas horas se sabrá la condena por el crimen, que podría rondar los 12 años de prisión. Precisamente por tener una condena, este juicio es inédito para Córdoba. Es que, por primera vez en esta provincia, se sentenciará un crimen sin cadáver. La jurisprudencia es contada a nivel país. Veamos: las perpetuas a dos policías por matar a Miguel Bru, en Buenos Aires; las condenas a dos hombres por ultimar a una turista suiza en La Rioja; las sentencias a dos monjas por asesinar a una docente en Tucumán. Ninguno de esos cuerpos apareció.En el caso del "Gaucho" Vera, fue clave la investigación del fiscal Eduardo Gómez, de Deán Funes, quien comandó un grupo de pesquisas durante años con tozudez e inteligencia. En esa pesquisa no hubo análisis de teléfonos ni pericias de ADN. En esa causa hubo básicamente testimonios y trabajo de campo. Así, se cercó al sospechoso. Y esto no es poco si se tiene en cuenta el lugar donde ocurrió todo: un vasto territorio en el norte provincial.No fueron pocos los mensajes que el fiscal Gómez recibió en ciertos ámbitos, diciéndole que era una locura enviar a juicio a alguien sin cuerpo.Pero el fiscal siguió adelante. Quizá esa determinación, ese trabajo y el resultado logrado sirvan ahora de empujón para algunos funcionarios judiciales que tienen a su cargo crímenes (con y sin cadáver) impunes.