Temas del día:

Cientos de personas le dieron el último adiós a Candela

Familiares y vecinos despidieron sus restos en el cementerio de Hurlingham. Durante el sepelio hubo un incidente con una tía: alguien gritó: "¿Por qué no entregaste la plata?"

02 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Agencias DYN y Télam
Cientos de personas le dieron el último adiós a Candela

Buenos Aires. Cientos de personas, entre ellas familiares, amigos y vecinos, despidieron ayer los restos de Candela Rodríguez, que fueron inhumados en el cementerio Parque Municipal de Hurlingham, entre reclamos de "justicia" y "seguridad", mientras otros gritaron "asesina" a la madre. La madre de la niña, Carola Labrador, fue increpada por mujeres que le gritaron "asesina, asesina", mientras golpeaban la ventanilla del automóvil en el que se retiraba de la casa fúnebre, encabezando el cortejo, rumbo al cementerio.Labrador también fue increpada en la necrópolis, cuando entre la multitud que esperaba la llegada del féretro le gritaron: "¡Por qué no entregaste la plata!".Una de las tías de la niña, quien acompañaba a Labrador, intentó abalanzarse sobre quienes increparon a la mujer, pero fue detenida por otros familiares.El cortejo encabezado por la madre de la niña llegó al cementerio a las 14.45, tras el velatorio que se hizo en una casa mortuoria de Villa Tesei.Vecinos y amigos de la niña saludaron el cortejo durante el recorrido, que incluyó el paso por la vivienda familiar, antes de llegar al cementerio.Los familiares asistieron a una ceremonia breve en la capilla del cementerio antes de la inhumación, en tanto una multitud reclamó, entre aplausos, "justicia" y "seguridad".Otros concurrentes a la inhumación, entre los que había numerosos niños y adolescentes, portaron carteles con la leyenda "Todos somos Candela". El cuerpo de la niña, desaparecida durante nueve días, fue velado desde las 6 en una casa mortuoria de Villa Tesei. El padre de la niña, Alfredo Rodríguez, quien no asistió al cementerio, arribó al velatorio en un móvil del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), mientras que la madre lo hizo minutos después.El velatorio permaneció cerrado durante algunas horas para que la familia pueda despedir los restos de la niña. Dolor y perplejidad. Los vecinos de la casa en donde vivía Candela, expresaron su dolor y conmoción y frente al domicilio dejaban flores y se persignaban haciendo la señal de la cruz. Emilia, una vecina que hace más de 20 años que vive en el barrio, manifestó que "cuando me enteré por la televisión de la muerte de Candela no lo podía creer. Este barrio es muy tranquilo, pasaban robos menores, pero acá no estamos acostumbrados a escuchar de asesinatos", manifestó.Al ser consultada sobre si conocía la actividad que realizaba la familia, indicó que "lo único que sé por comentarios es que Carola (la mamá de Candela) trabaja en un cooperativa, en cuanto al padre desconocía que estuviera preso".En las inmediaciones de la casa permanecían pegados los carteles con el rostro de Candela, con los cuales la familia pedía datos sobre el paradero de la niña.En tanto, en el frente de la casa, además de los afiches realizados por vecinos y amigos de Candela para pedir pistas sobre su desaparición, se agregaron velas y la imagen de una virgen y mensajes que espontáneamente vienen a dejar los vecinos como "Candela todo Hurlingham te va a extrañar" o "Te amamos mucho".Autoridades del colegio Madre Teresa de Calcuta de la Fundación Felices los Niños, a donde concurre Emanuel Rodríguez, el hermano de Candela, de 14 años, se acercaron hasta el domicilio junto con un grupo de alumnos, que venían del velatorio. Varios amigos de Emanuel, no concurrieron ayer al colegio y se concentraron en la casa de Candela. Emanuel, que se encontraba allí, los saludó a través de una ventana y ante esa situación los niños se abrazaron y estallaron en llanto.Por la calle Coraceros, que fue ayer habilitada totalmente al tránsito, era incesante el paso de vehículos, muchos de los cuales se detuvieron ante el domicilio de la familia Rodríguez.Muchos se bajaron de los automóviles para dejar una flor o un cartel con mensajes de solidaridad para la familia.