Las caras de los pasajeros varados
La ceniza volcánica provocó un caos en el tránsito aéreo. El vuelo de Chile a Córdoba se canceló, como también los que iban a Buenos Aires y Montevideo. Lucas Viano.
Son las 13.30 del lunes en el hotel Crowne Plaza de Santiago de Chile. El almuerzo es con una porteña y un uruguayo a los que recién conozco. El destino nos juntó porque hay algo en el aire que no nos deja volar. El cansancio se nota en el cuerpo y el rostro. "Tenemos cara de estar varados", dice un empleado del hotel. Ya pasaron 30 horas sin dormir. Todo arrancó el domingo, a las 3.30 (las 7.30 en la Argentina), en el aeropuerto de Santa María, California. La terminal estaba cerrada. Abrió a las 4. Dos vuelos hasta llegar a Chile, a las 5.45 del domingo, horario chileno o californiano, ya no sé. Mi mente ya no distingue horarios.La ceniza volcánica provocó un caos en el tránsito aéreo. El vuelo de Chile a Córdoba se canceló, como también los que iban a Buenos Aires y Montevideo. Hay 80 personas varadas en Santiago. Estuvimos más de cinco horas esperando en el aeropuerto hasta llegar al hotel.Uno cree que va a disfrutar su estadía en un cinco estrellas y en una ciudad que no conoce. Pero, luego, la espera se hace densa. A las 16, nos dicen que nos van a dar información. Bajamos al lobby y nos aseguran que eso va a ocurrir a las 18.30. Luego, a las 19.30. Parece una tortura. En todo ese tiempo, los pasajeros somos zombies que bajamos y subimos por el ascensor a la espera de alguna información que nos permita llegar a casa o descansar. La incertidumbre da insomnio.También comienzan a escucharse historias. Como la de Isaac, que viajaba a Montevideo para sorprender a su esposa en los 40 años de casados. En el almuerzo, llora mientras lo cuenta.Otros dicen que estuvieron en Miami, San Francisco u otros sitios del planeta. Las historias aburren y dan náuseas. A esta altura, cansa hasta viajar con el pensamiento.Familiares y amigos nos llaman para preguntar qué ocurre o para cruzar información y especulaciones. También teorías científicas. Una mendocina dice que los aviones no vuelan porque el calor convierte a la ceniza en cristal cuando entra en la turbina y eso destruye todo. También teorías conspirativas: un cordobés cree que los vuelos a "la Docta" están suspendidos porque en el Ambrosio Taravella están aterrizando todos los vuelos porteños, que siempre tienen "coronita". A la noche, las historias siguen. Hay un joven músico venezolano que iba a grabar a Buenos Aires. Se queja porque dice que podría haber grabado en su país y enviar por correo el material. Un argentino asiente y remata diciendo que en la Argentina todo funciona mal, que somos desorganizados y corruptos.Finalmente, confirman que los aviones no salen y que recién va a haber información el día siguiente, a las 10.30. Es un alivio, a pesar de que el hogar está a 800 kilómetros. Al fin podré dormir, soñar que regreso y cambiar esta cara.

