Campamento Esperanza será un memorial
Lo anticipó el presidente Sebastián Piñera, quien además dijo que la cápsula y el escrito que enviaron por primera vez los mineros, "forman parte del patrimonio histórico de los chilenos". Juan Federico, enviado especial.
En otra jornada en la que la emotiva historia de los 33 mineros atrapados durante 69 días a 700 metros de profundidad continuó despertando la atención mundial, el presidente chileno Sebastián Piñera (que prosiguió con un raid mediático iniciado el fin de semana) anunció que el campamento Esperanza, donde los familiares de los obreros esperaron que se terminara la odisea, se convertirá en un memorial. "No vamos a hacerlo un santuario, porque a los santos lo define la Iglesia, pero sí un memorial. Los chilenos tenemos que definir qué vamos a hacer con la cápsula, ya que tiene que ver con la historia, al igual que el mensaje en el que nos decían que estaban todos bien en el refugio; se trata de un patrimonio que tiene que ver con todo el mundo", refirió Piñera en una conferencia de prensa que brindó ayer a la mañana en el Hospital Regional de Copiapó, donde fue a visitar y a conocer el estado de salud de los 33 mineros.En una reunión que mantuvo con los 33 hombres de gafas negras, ya que aún prosiguen con el tratamiento para readaptarse a la luz solar, Piñera los invitó a visitar la Casa de la Moneda en Santiago de Chile el próximo lunes 25 y los desafío a jugar un partido de fútbol contra un equipo de funcionarios de gobierno. Rápido al aceptar el convite, los mineros decidieron que el ex jugador de Cobresal, Franklin Lobos, sea el director del equipo de ellos. Millones. En la misma conferencia, ante las consultas periodísticas, el presidente dijo que en el rescate se invirtieron entre 10 y 20 millones de dólares, aportados por privados y el Estado. Agregó que está en curso una querella para que los empresarios responsables de la mina San José paguen el monto invertido y recordó que se está por aprobar una nueva legislación de seguridad laborar en todos los niveles "con estándares internacionales".Afuera del hospital se congregaron durante todo el día cientos de personas, entre familiares, medios de prensa y vecinos de la ciudad, que desde el pasado martes ha alterado su pulso normal.Mientras tanto, en el campamento Esperanza ayer ya no quedaban familiares de los mineros, quienes comenzaron a abandonar el desierto de Atacama una vez que el jefe de turno Luis Urzúa (el último de los mineros rescatados) llegara a la superficie.La mayoría de los parientes ayer se congregaban en el hospital de Copiapó, donde de a poco los obreros iban recibiendo el alta médica para regresar, al fin, a sus hogares. El último fogón. A la 1.30 de la madrugada de ayer, el último fogón calentaba la carpa donde Alicia Campos y su hija María Luz aguardaron durante más de un mes que fuera rescatado Daniel Herrera Campos, el hijo de Alicia. Reunidos en paz, luego de saber que todo estaba bien, alrededor del fuego se habían acercado otros familiares de los mineros. En la intimidad, mientras los equipos de prensa de todo el mundo ponían un poco de freno al vértigo de los últimos días, ellos compartían las sensaciones finales de una historia épica."Ya está mi hijo, estamos muy felices, se terminó todo", saludaba Alicia, con quien los enviados de La Voz del Interior compartieron más de un mate y cientos de anécdotas durante los días del rescate.De todos modos, los familiares han solicitado a los encargados de desmantelar el campamento en la mina San José que no lo levanten por completo, ya que los mineros rescatados dijeron que quieren volver allí para conocer cómo fue el lugar donde sus seres queridos pasaron los 69 días de mayor angustia que recuerden.Incluso, algunos familiares, como Alberto Segovia (hermano de Darío), manifestaron que a ellos les gustaría volver de vez en cuando allí.Como toda historia traumática, pero con final feliz, en la madrugada de ayer, cuando comenzaban a dejar el campamento, la nostalgia embargaba a los familiares que comenzaban a juntar sus pertenencias para empezar a volver de a poco a las casas que muchos de ellos no han pisado desde los primeros días de agosto.

