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Bancos y salideras

Por medidas de seguridad, dentro de los bancos quedamos aislados del mundo: no podemos avisar que llegaremos tarde ante una demora prolongada ya que no está permitido hablar por celular, ni mandar mensajes de texto, ni utilizar tablets , bippers o cualquier otro artefacto de comunicación. Jorge Londero.

29 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
Bancos y salideras

Si lo intentamos seremos considerados, de inmediato, posibles cómplices de una banda de delincuentes que espera, afuera, que le pasemos el dato de un cliente que retiró una sustancial suma de dinero.

Entonces, un guardia nos condenará de inmediato con su mirada, nos amonestará con un reto en público y, en algunos lugares, hasta nos invitará a colocar el aparato en una bolsita o directamente nos acompañará hasta afuera, aunque perdamos el turno.

Además de cámaras en todos los rincones, en los bancos hay cajeros humanos y cajeros electrónicos. Cada vez más de los segundos y menos de los primeros. Desde hace algunos meses, los cajeros humanos están ocultos detrás de paneles. No los podemos ver. Se entiende el motivo, ellos son los encargados de receptar los depósitos mayores y de entregar los retiros más altos, algo que conviene ocultar a los ojos del público.

Esas y otras medidas de seguridad se vienen sumando desde hace un tiempo en este tipo de entidades. Ahora, incluso, hay líneas de cajas a las que sólo se accede si uno se registra primero con número de documento o de cuenta.

Sin embargo, a pesar de que los clientes de los bancos son cada día más sospechosos, las salideras –que es justo lo que se pretende evitar con tantas reglas de comportamiento y rituales de procedimientos– no se detienen y hasta parecen recrudecer.

Antes de tanto recelo, los asaltos a la salida de un banco eran, por lo general, simples arrebatos de “motochorros”. Ahora, pese a todas esas medidas en marcha, hay salideras que parecen una película de terror, como la registrada hace pocos días en Humberto Primero y Rivera Indarte, en el Centro de la ciudad de Córdoba, donde una mujer terminó baleada en una pierna luego de un tiroteo que sembró pánico en ese sector de la ciudad, por sólo citar un ejemplo cercano.

Si cada vez estamos más controlados, pero no por eso más seguros, algo estamos haciendo mal.