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La baja resistencia argentina frente a terremotos y tsunamis

La costa atlántica de nuestro país no está exenta de tsunamis potenciales. Sin embargo, no se conocen planes ni zonas demarcadas.

13 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
Raúl A. Montenegro*
La baja resistencia argentina frente a terremotos y tsunamis

Hace pocas horas se registró el séptimo terremoto más fuerte que registra la historia humana. Mientras redacto esta nota, las redes sociales han estado y siguen funcionando a pleno para lograr que la mayor cantidad de personas esté alerta ante la posibilidad de tsunamis en muchas zonas críticas de Asia, el Pacífico y América. El boca a boca de noticias por Internet está siendo tan importante como la TV, la radio y los medios gráficos. No es para menos. Aún está presente el costo en vidas humanas que provocaron los recientes tsunamis del sudeste asiático. Mientras iban llegando noticias dramáticas de Japón, analizamos la relación entre actividad volcánica, terremotos y tsunamis; la resistencia ambiental y social de los lugares afectados, y cuál era la situación de Argentina. Conclusiones. Estas son algunas de las conclusiones: 1. Que los grandes terremotos, erupciones volcánicas y demás fenómenos geológicos mayores (FGM) son independientes de la actividad humana directa, pues involucran cantidades gigantescas de energía. Resulta absurdo derivarlas de alteraciones producidas por actividades humanas, como explosiones nucleares o destrucción de glaciares por ejemplo, pues las energías que maneja nuestra especie son varios órdenes de magnitud menores a las energías implícitas en los FGM. Debe asumirse que determinados fenómenos geológicos mayores son independientes del ser humano, y además, inmanejables y por ahora (en la mayor parte de los casos) impredecibles. 2. Que la actividad humana puede producir sismicidad inducida pero de menor magnitud en comparación con los fenómenos geológicos mayores, pese a lo cual sus causas, ocurrencia e impactos deben ser cuidadosamente previstos y evaluados. La sismicidad inducida puede ser generada, entre otros, por grandes embalses de agua, laboreo de minas, extracción de petróleo o gas, e inyección de fluidos a elevada presión. El fenómeno se ha observado en zonas sísmicas e incluso asísmicas y con regímenes tectónicos diferentes. 3. Que ante fenómenos que no podemos ni amortiguar ni controlar, como los fenómenos geológicos mayores, resulta clave la resistencia ambiental y la resistencia social de los lugares afectados. Cuanto más estén destruidos los ambientes nativos menor es la resistencia ambiental a cualquier disturbio que se produzca. Del mismo modo, cuanto menos esté preparada la sociedad para resistir estos fenómenos menor es la resistencia social, y mayores los costos en vidas humanas y daños. Haití es un ejemplo de lo expuesto. Un terremoto fuerte pero de una intensidad inferior al sufrido por Chile el año pasado generó impactos en cadena que aún hoy siguen agravándose. Allí coincidieron los valores de resistencia ambiental más bajos y valores de resistencia social mínimos. 4. Argentina muestra hoy los valores de resistencia ambiental y resistencia social más bajos de toda su historia. En Japón, el número de víctimas por el tsunami sigue creciendo en forma exponencial, al igual que la preocupación por las centrales nucleares ubicadas en la zona de desastre, pero está claro que su resistencia social al tsunami es mayor, en comparación, con la resistencia social argentina. A nivel de un hipotético accidente nuclear, en Córdoba sólo se hacen simulacros dentro de un radio de 10 kilómetros alrededor de la central de Embalse. Las poblaciones de Río Cuarto, Villa María o Córdoba no conocen las consignas para actuar ante un accidente nuclear. Y la lista sigue. Nuestro país tiene cinco zonas de sismicidad, pero este tema sigue considerándose en forma separada de la cuestión ambiental, y ambas del ordenamiento de los usos del suelo y otras variables. La costa atlántica, por ejemplo, no está libre de tsunamis potenciales. Pero no hay planes ni zonas demarcadas. Recordemos que los tsunamis (del japonés "tsu", puerto o bahía, y "nami", ola) pueden ser provocados por terremotos, actividad volcánica, derrumbes en zonas costeras, derrumbes subterráneos, grandes explosiones e incluso impacto de meteoritos. Desde el año 1963 se define a los tsunamis como "la ola o serie de olas que se producen en una masa de agua cuando es empujada violentamente por una fuerza que la desplaza verticalmente". Córdoba, la cercana. En Argentina, la respuesta de organismos de gobierno, funcionarios y también técnicos es que la probabilidad de ocurrencia de terremotos, tsunamis, accidentes nucleares o rotura de paredones de diques es poco probable, y que no es conveniente alarmar a la población. Mientras un país como Japón vive en estos momentos las consecuencias de un terremoto y un tsunami, Córdoba –localizada relativamente cerca de Chile, el país que sufrió el terremoto más fuerte de toda la historia humana el 22 de mayo de 1960, con 9,6 Mw– mira las catástrofes por televisión. Gobierno y funcionarios olvidan que existe un reactor nuclear de potencia, que Sampacho fue destruida por un terremoto y que los paredones de los diques no son eternos.

* Biólogo, presidente de Funam.