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Una alianza que se consolida

Si ponerle fin al monopolio de Cliba fue complicado para el municipio, salir de las redes de Moyano será una odisea. Si algún intendente lo intenta. Virginia Guevara.

21 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Una alianza  que se consolida

En 2008, durante la fallida licitación del sistema de recolección y tratamiento de la basura, Daniel Giacomino no ocultó que el negocio de los residuos –el mayor que podía ofrecer la ciudad de Córdoba– se cocinaba a dos fuegos entre las desmedidas pretensiones económicas del Grupo Roggio y las férreas presiones gremiales y políticas de Covelia, la segunda oferente, apadrinada por el titular de la CGT, Hugo Moyano, y su hijo Pablo, mandamás de Camioneros.

Con la apurada conformación de Córdoba Recicla Sociedad del Estado (Crese), la Municipalidad de Córdoba pretendió, a principios de 2009, una tercera vía en materia de empresas de higiene urbana, independiente del poder económico y también del poder gremial. Pero la pretensión naufragó mucho antes de que Crese llegara a conformarse.

Hugo Moyano fue quien definió en persona los pasos que debían dar Giacomino y la Nación para que la iniciativa llegara a buen puerto: consiguió los ATN que permitieron la puesta en marcha, aceitó el otorgamiento de un crédito del Banco Nación que se destinó en buena parte a saldar deudas con Cliba, para que la ex prestataria indemnizara a los mismos recolectores que hoy trabajan en Crese, y además financió con recursos de la Mutual de Camioneros los pasos iniciales de la empresa municipal.

Por ese crédito –pautado inicialmente a una tasa de interés del 62 por ciento anual–, Giacomino tuvo una denuncia penal y un larguísimo cuestionamiento político, que aún dura. A un año y medio de la operación, y cuando el dinero ya fue devuelto, el crédito todavía no fue aprobado por el Concejo Deliberante, que esta semana volvió a mandarlo a comisión. El Tribunal de Cuentas lo rechazó por unanimidad en dos oportunidades.

Ése fue el comienzo. El andar de Crese fue confirmando a cada paso el poder real de los camioneros dentro de la empresa municipal. El Surrbac –gremio de los recolectores, que adscribe al de los Moyano– comenzó con mil afiliados y ya tiene 1.300, el gasto salarial se incrementó un 20 por ciento apenas iniciado el funcionamiento de la empresa y la ciudad perdió la recolección durante los feriados, por imposibilidad de pagar los salarios establecidos por Camioneros. A cada suba de sueldos, le corresponde un ajuste de tarifa, por lo que el servicio saltó de los 14 millones mensuales en febrero de 2009 a los 24 millones que hoy reclama la empresa.

Abundan desde hace tiempo las señales de que la empresa de Giacomino –Crese es sin dudas el máximo símbolo de su gestión– y el gremio de Moyano son casi lo mismo. Ayer quedó en evidencia que la alianza es mucho más sólida que el escenario donde se hundió el lanzamiento K en la Capital. Si romper con Roggio fue difícil para Córdoba, salir de las redes de Camioneros será una odisea mayor. Y ello si en el futuro algún intendente lo intenta.