Tensión, por ahora subterránea
De la Sota cree que le dejarán una provincia endeudada y sin recursos. Los schiarettistas están convencido de que al próximo gobernador no le conviene que Schiaretti se vaya con todos los laureles. Julián Cañas.
José Manuel de la Sota está en Brasil y volvió a tomar distancia de la crisis financiera que vive la gestión de Juan Schiaretti. La relación entre ambos referentes tiene la temperatura del glaciar Perito Moreno, admiten los propios peronistas. La complicada situación de la provincia abrió un abismo entre el gobernador y su sucesor. La tensión por ahora es subterránea, pero la carga de malhumor en ambos lados es tal que nadie en el PJ se anima a asegurar que no convertirá este verano en una tormenta política. La sociedad política De la Sota-Schiaretti tuvo otro hito triunfal el 7 de agosto pasado, cuando Unión por Córdoba consiguió un contundente triunfo en las elecciones provinciales. Antes y después, quienes se dicen "amigos" en público no paran de despotricarse en privado. Eso sí, lejos de los grabadores. Cuando llegan a un punto de acuerdo, como siempre, los culpables son los periodistas "malintencionados" que difunden sus diferencias, que son reales.Los roces entre De la Sota y Schiaretti asomaron cuando tuvieron que armar las listas de candidatos a legisladores. Tampoco acordaron cuando el gobernador le dio un granítico respaldo a Héctor Campana y a su esposa, Alejandra Vigo, para la fórmula en la Capital. Pocas veces coincidieron con la estrategia en la relación con la Nación. Aquellos fueron desencuentros políticos. Pero ahora las diferencias son por temas de gestión.De la Sota miró con desconfianza el festival de inauguraciones que planificó Schiaretti en sus últimos meses de gestión. La preocupación del gobernador electo se alimentó cuando pasaron los comicios, porque los cortes de cintas ya no lo beneficiaban. Los dirigentes del entorno de De la Sota no ahorran críticas en privado hacia Schiaretti, porque creen que le dejará a su jefe político una provincia "inviable" por el endeudamiento. "Por su deseo de quedar en el bronce, nos va a enterrar a nosotros en el barro", graficó un futuro ministro delasotista. Dicen que el lunes pasado, cuando De la Sota leyó en San Pablo, en la edición digital de este diario, las declaraciones del secretario General de la Gobernación, Ricardo Sosa, montó en cólera. A través de su brazo derecho, Schiaretti mandó decir que le dejará a su sucesor 1.200 millones de pesos en la caja para que pague los sueldos y el medio aguinaldo a fin de año. "Qué plata en caja, si tienen que emitir letras para poder pagar los sueldos de noviembre", bramó un miembro de los equipos técnicos de De la Sota, que acababa de cortar una comunicación telefónica con su jefe político. Pero los funcionarios schiarettistas también incuban una grave sospecha hacia De la Sota: están convencidos de que detrás del reclamo del Sindicato de Empleados Públicos (SEP) conducido por José Pihen está alguna mano del delasotismo. "Si no se hubiera metido Pihen con un reclamo insensato, porque hay un acuerdo salarial firmado hasta febrero, este problema lo hubiésemos resuelto en pocos días. Si los equipos de salud no son más de tres mil empleados", aseguró un funcionario provincial de primer nivel.Los schiarettistas creen que a De la Sota no le conviene que el actual gobernador deje el poder con "todos los laureles".De allí a pensar que mandó a Pihen a meter la cola en el conflicto con los estatales hay un paso muy cortoLa transición del poder entre los dos referentes peronistas de la última década está en la recta final, en medio de las críticas, sospechas mutuas y un conflicto gremial que parece lejos de resolverse, más allá de haberse decretado la conciliación obligatoria. Este tema también divide aguas entre el gobernador y su sucesor.

